Hace tiempo que Francisco Camps quiere regresar a la política activa, después de 15 años de juicios de los que resultó absuelto en todas las causas judiciales. El ex presidente de la Generalitat Valenciana tuvo que dimitir por la corrupción que afectaba al PP valenciano.

15 años después reclama que se restaure su honor, como se comprometió el partido, si resultaba absuelto. Pero para el PP es más un problema que una solución.

Camps que siempre ha reclamado su inocencia, reconocía en este mismo periódico que la mejor manera de relanzar al partido era convocando un congreso. De momento, Génova no está por la labor.

La crisis abierta en el PP valenciano a raíz de la mala gestión de la dana que se ha saldado con 224 víctimas mortales y que apunta a Carlos Mazón como principal responsable, deja en el aire su sucesión al frente de la Generalitat y del partido que ha condicionado a la reconstrucción de las zonas afectadas por la dana.

Aunque la justicia lo ha exonerado y en este sentido es una persona inocente, Camps está amortizado políticamente para el partido.  Génova no cuenta con él.

Su vuelta a la política puede hacer un daño aun mayor al partido que tiene muy difícil renovar la confianza de los ciudadanos. Aunque Camps no ha sido declarado culpable es imposible disociarlo de la época más negra del PP valenciano con decenas de condenas, entre ellas de la que fuera presidenta de las Corts y exconsejera Milagrosa Martínez o el exconseller Rafael Blasco, ambos en prisión.

Tanto la continuidad de Carlos Mazón al frente de la Generalitat y su negativa a dimitir, como el regreso de Francisco Camps son un lastre para el partido y la mejor manera de allanar el camino a la oposición para recuperar las instituciones.