Este mismo periódico informaba en una de sus páginas que el torero valenciano Vicente Barrera que compartía cartel con el también valenciano Enrique Ponce había resultado herido tras ser volteado por un novillo en un festival benéfico que tuvo lugar el pasado 27 de junio en Navas de San Juan.

Las noticias publicadas en la web permite a los lectores participar subiendo comentarios, algunos bajo el anonimato, que no voy a reproducir porque son execrables.. No existe ningún tipo de control, con lo cual, cualquiera puede subir la barbaridad que considere oportuna, bajo el amparo de la libertad de expresión, sin consecuencias penales por ello.

Pasa con los toreros y con los cazadores. Entiendo perfectamente que haya gente que no le gusten los toros o la caza y que siempre desde el respeto hagan las críticas oportunas, pero lo que no se puede tolerar bajo ningún concepto es que se viertan insultos, incluso, amenazas de muerte.

Todavía no existe en este país una regulación específica para perseguir estos delitos por incitación al odio. Ha habido algún caso en que la justicia ha actuado, pero son una minoría, comparado con la avalancha de comentarios abominables que se publican cada día en las redes sociales. Recuerdo especialmente uno tremendamente cruel en el que deseaban la muerte al pequeño Adrián, enfermo de cáncer, cuya ilusión era ser torero y murió sin cumplir su sueño. Miserables. Cobardes.

El vertedero en que se han convertido las redes sociales deja a los ciudadanos absolutamente desprotegidos e indefensos ante estos “valientes” que sirviéndose del anonimato se prodigan en insultos y amenazas, con total impunidad.

Nos hemos convertido en una sociedad fría, insensible y sin corazón.