Continúan las manifestaciones cada 29 del mes, convocadas por asociaciones de familiares afectados por la dana y partidos de izquierda para pedir la dimisión del presidente de la Generalitat, Carlos Mazón. La herida sigue abierta para muchas familias que aquel fatídico      29-O dejó familias rotas y poblaciones enteras absolutamente devastadas por la fuerza del temporal que dejó en algunos municipios lluvias torrenciales de más de 700 litros por metro cuadrado.

Los familiares siguen reclamando justicia y reparación casi un año después.

Sin restar responsabilidad a Carlos Mazón, poco importa que la Aemet haya reconocido, a través de su jefe de Climatología, diez meses después de aquella terrible tragedia, que dejó 224 muertos, errores en la gestión de la dana.

Es evidente que hubo errores. No solo de la Aemet, también de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ). Pero, sobre todo, del responsable político  que debía  estar al mando del operativo y cuya ausencia aun hoy, diez meses después, sigue siendo una incógnita. ¿Dónde estuvo durante esas horas cruciales? ¿Por qué no apareció en el puesto de mando hasta pasadas las ocho de la tarde, cuando ya había decenas de personas ahogadas? Esa sombra de silencio pesa tanto como la propia tragedia.

Pero también hay responsables políticos en los diferentes gobiernos del PP y del PSOE  por no haber ejecutado las obras hidráulicas necesarias en el barranco del Poyo y la Saleta, obras que estaban proyectadas desde hace años y que, de haberse llevado a cabo habrían evitado muchas de las muertes que hoy seguimos lamentando.

La tragedia no fue solo fue fruto de errores puntuales en la gestión de aquel día sino también por una falta de previsión acumulada durante años, donde no se previeron los riesgos de no acometer esas inversiones.

Y lo más grave es que,  después de lo ocurrido, tampoco se contemplan. Pasarán días, semanas, meses…. incluso años, hasta que un episodio similar vuelva a repetirse y volveremos a lamentarnos, como ocurre cada verano con los incendios cuando ya es demasiado tarde.