La periodista Maribel Vilaplana vuelve a estar en el centro de la atención mediática después de la carta que ha publicado en los medios de comunicación, tras diez meses de silencio.
Desde la famosa comida en el Ventorro, Vilaplana no ha dado ninguna explicación sobre su encuentro con el presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, más allá del ofrecimiento que este le hizo para presidir la televisión pública valenciana, aquel fatídico 29-O que dejó 228 víctimas.
Compromís ha solicitado reiteradas veces la comparecencia en la comisión de investigación de la DANA en el Congreso de los Diputados de la periodista valenciana y del propietario del Ventorro, Alfredo Romero. La formación valencianista considera más relevante la comparecencia de Vilaplana y Romero que la de la Delegada del Gobierno, Pilar Bernabé; el presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar, Miguel Polo; o representantes de la Aemet.
Hasta donde yo sé, ni Alfredo Romero ni Maribel Vilaplana, son cargos públicos ni políticos, como sí los son Pilar Bernabé o Miguel Polo. El primero es hostelero y muy bueno por cierto y Vilaplana, periodista.
La jueza de Catarroja que instruye la causa no ha llamado a declarar a la periodista en calidad de testigo. Ni Mazón ni Vilaplana se han ofrecido a declarar voluntariamente en el juzgado de Catarroja.
Su reaparición pública que se produjo el pasado 29 de agosto en el estadio del Levante, donde ocupa el cargo de consejera de Comunicación y Relaciones Institucionales del club granota, no ha estado exenta de un aluvión de críticas. También por la coincidencia de la fecha.
En mi opinión, bastante exageradas e injustas, teniendo en cuenta que la periodista acudió a aquel almuerzo en calidad de invitada para un ofrecimiento de trabajo que rechazó. Quien debe dar explicaciones es quien ostenta la responsabilidad política, y hasta ahora no lo ha hecho.
Ni Maribel Vilaplana ni Alfredo Romero tienen responsabilidad alguna en la tragedia ocurrida el 29-O. Las responsabilidades son políticas y quienes debían asumirlas no lo han hecho.
No conozco personalmente a Maribel Vilaplana, pero considero injustificable el trato vejatorio que ha recibido por parte de la prensa y de algunos sectores de la izquierda, que se han cebado con ella de manera absolutamente cruel. Vomitivo el artículo que Antonio Maestre le dedica a Vilaplana, publicado en el Muro de la Sexta, y titulado “Maribel nos quiere dar pena”.
En él, el director de La Marea y tertuliano habitual de La Sexta Noche y Al Rojo Vivo, arremete contra la periodista valenciana en un texto cargado de mala baba, especialmente cuando se refiere a los problemas de salud mental que la periodista ha sufrido como consecuencia de la presión mediática que ha soportado a lo largo de estos diez meses.
¿Qué tiene que pasar para que Maribel Vilaplana pueda llevar una vida normal y ejercer su trabajo de periodista?
Las explicaciones y las responsabilidades hay que exigírselas a quienes tenían el poder de decisión en aquel momento, y noeran ni Vilaplana ni Romero. Todos sabemos quién.