Las relaciones entre ambos países atraviesan uno de sus momentos más tensos. El presidente de EEUU, Donald Trump ha aumentado la recompensa para capturar a Nicolás Maduro, acusado por Washington de narcotráfico y vínculos con el crimen organizado.

La tensión ha ido en aumento después de que EEUU haya hundido un barco que presuntamente transportaba droga procedente de Venezuela en aguas del Caribe y que ha dejado 11 fallecidos. EEUU ha desplazado a la zona varios buques de guerra, aviones y un submarino nuclear.

Las maniobras de Donald Trump más allá de perseguir el narcotráfico buscan debilitar y desestabilizar al régimen chavista con la intención de propiciar  una revolución interna que desemboque en un cambio de poder en Venezuela.

El dictador venezolano que perdió las elecciones presidenciales sigue aferrado al poder. Ningún país, salvo los de la órbita comunista como Nicaragua o Corea del Norte ha reconocido la victoria de Maduro que se negó a entregar las actas.

El chavismo, primero bajo la presidencia de Hugo Chávez y después con Nicolás Maduro ha llevado al país a la ruina económica y social. La hiperinflación, la escasez de productos básicos y la migración masiva forman parte de este escenario de deterioro.

La oposición ha organizado en los últimos años numerosas protestas para denunciar la situación que vive el país, aunque ejercer derechos constitucionales como el de manifestación no es fácil  en un país como Venezuela donde están cercenados derechos fundamentales básicos y se encarcela a la oposición.

El ex presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero que ha actuado como mediador para liberar a presos políticos y facilitar un tránsito hacia la democracia no ha sido nada contundente en la condena del régimen chavista que sigue ilegalmente en el poder mientras no se celebren unas nuevas elecciones democráticas con todas las garantías y supervisadas por organismos internacionales.