Los de Abascal están cerca de los 60 diputados y supera el 17% en intención de voto mientras el PP se estanca, según las últimas encuestas publicadas. Hay un trasvase claro de votos del PP a Vox de más de un millón de votos, lo que refleja muy bien el desgaste del PP en el electorado más conservador. Esa fuga suele explicarse por la percepción de que Vox mantiene un discurso más “auténtico” en temas identitarios, mientras que el PP aparece como más tibio. A Núñez Feijóo se le acusa de ser demasiado tibio o blando en su oposición al Gobierno de Pedro Sánchez, lo cual no es del todo cierto porque en el Congreso de los Diputados se han vivido momentos muy tensos entre Sánchez y el líder de la oposición. De hecho, muchos piensan que ha perdido la moderación que prometió cuando se hizo cargo del partido, después de que fulminaran a Pablo Casado tras la denuncia que hizo del hermano de Isabel Díaz- Ayuso al que acusó de beneficiarse de comisiones con la venta de mascarillas y material sanitario en plena pandemia. Aquellas declaraciones en un programa de radio le costaron el puesto.
Alberto Núñez Feijóo ha endurecido el discurso en temas como la inmigración o la seguridad para evitar la fuga de votos, perdiendo el espacio de centro político que, prácticamente ha desaparecido, espacio que ha sido clave históricamente para que el PP lograra mayorías amplias.
El votante de Vox prefiere votar al original antes que a la copia. Este es un argumento clave en ciencia política: cuando un partido imita el discurso de su competidor, el votante tiende a elegir al “auténtico”. Es lo que ya pasó en otros países europeos con partidos conservadores frente a la extrema derecha.
Feijóo debería mantener distancias respecto a Vox con un discurso propio y no viéndose arrastrado por el partido de Abascal.
Al PP le puede pasar lo mismo que estuvo a punto de ocurrirle al PSOE cuando Podemos estuvo muy cerca de conseguir el “sorpasso” y sobrepasar electoralmente a los socialistas, pero logró resistir y recuperar terreno porque supo diferenciarse de los morados. Ahora es al PP a quien le toca desmarcarse de Vox y liderar un proyecto político que no se escore tanto a la derecha, capaz de recuperar el centro político que ahora mismo está huérfano desde la desaparición de Ciudadanos.