He tomado prestado el titular de este artículo con permiso de Antonio Pérez Henares, que ha titulado así su último libro. Coincido con él  en que España ha sido traicionada. Esta traición, en mi opinión, comenzó con el peor presidente que ha tenido España en toda su historia: José Luis Rodríguez Zapatero.

Zapatero  tiene la desfachatez de arrogarse como mérito personal el fin de la banda terrorista ETA. Que este acontecimiento haya ocurrido durante su Gobierno, podría haber sido con cualquier otro, ETA llevaba asesinado durante cincuenta años,  no le otorga ningún derecho a presentarlo como un logro propio, sin reconocer antes la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la colaboración con Francia en materia antiterrorista y el trabajo de los gobiernos anteriores con  Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González y José María Aznar. Todos ellos lucharon por el fin de ETA y, por supuesto, el mayor mérito corresponde  a la sociedad española en su conjunto, que valientemente se enfrentó a los años de terror de ETA.

José Luis Rodríguez Zapatero sigue pisando los platós de televisiones amigas para dar lecciones de democracia y diálogo, sin reconocer el fraude electoral en Venezuela que ha dado el poder de forma fraudulenta  a Nicolás Maduro.

 El ex presidente Zapatero sigue sin condenar la dictadura en Venezuela- llegó a decir que Maduro había ganado muchas elecciones- y sin reconocer al gobierno legítimo de Edmundo González, como ha hecho toda la comunidad internacional. Maduro se negó a entregar las actas que corroborarían que el ganador legítimo de aquellas elecciones fue Edmundo González, quien tuvo que abandonar el país tras recibir amenazas de muerte.

El ex presidente español, que ha visitado el país en numerosas ocasiones en calidad de observador internacional para mediar entre el gobierno y la oposición siempre lo ha hecho alineándose con los intereses del régimen chavista y restando legitimidad a las denuncias de fraude y represión contra la oposición, donde siguen sus líderes encarcelados.

Zapatero legitima la dictadura de su amigo Nicolás Maduro con la misma ligereza con la que se atribuye el final del terrorismo etarra.

La reconciliación entre españoles que fue posible gracias a la Transición y a políticos que supieron estar a la altura de las circunstancias en momentos muy difíciles, como Santiago Carrillo o Manuel Fraga Iribarne después de una terrible Guerra Civil, se fue al traste, tras idear una ley de Memoria Democrática que lo único que ha conseguido es reabrir viejas heridas que ya estaban cicatrizadas, enfrentando nuevamente a los españoles en dos bandos.

El guerracivilismo es utilizado de forma dogmatica como elemento de división.

El otro gran traidor es Pedro Sánchez. Nunca ha ganado unas elecciones generales. Ha llevado al PSOE a sus peores resultados electorales autonómicos, municipales y europeos. Ganó una moción de censura por la corrupción del PP tras conocerse la sentencia de la Gürtel y siete años después tiene a su mujer y su hermano imputados por un presunto caso de corrupción y a sus dos secretarios generales del partido, nombrados por él, uno en la cárcel y el otro a punto de entrar en prisión. El fiscal general del Estado se sentará en el banquillo por un presunto delito de revelación de secretos de la pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz-Ayuso.

Mintió a todos los españoles cuando prometió que no pactaría con los independentistas y bajo su Gobierno se ha aprobado la ley de Amnistía que borra los delitos de quienes cometieron un golpe de Estado contra la España constitucional.

La ley de Amnistía que era inconstitucional para la parte socialista del Gobierno dejó de serlo cuando Sánchez necesitó los siete votos de Junts para continuar en el poder. La amnistía no responde a ningún interés general, ni a una demanda social, ni a un consenso institucional, es una concesión personal para garantizar su permanencia en la Moncloa.

Tras la moción de censura de 2018 y las elecciones de 2019, Pedro Sánchez accedió a la presidencia del Gobierno gracias a pactos con fuerzas a las que había prometido públicamente que no recurriría —entre ellas Podemos, ERC y otras formaciones nacionalistas e independentistas.

Pese a asegurar durante la campaña que no integraría a Pablo Iglesias ni a Podemos en el Ejecutivo, lo nombró vicepresidente segundo e incorporó a varios dirigentes de ese partido como ministros entre ellos a Irene Montero, cuya ley del sí es sí ha rebajado la pena a violadores y pederastas.

Sánchez ha utilizado la mentira para hacer política, llevando a España a una situación de polarización política como nunca antes se había vivido en este país.