Tras la dimisión de Carlos Mazón como presidente de la Generalitat, anunciada este pasado lunes, continúan las protestas, esta vez, para pedir prisión para el exmandatario valenciano.
La calle pretende usurpar al poder judicial su función, que es imponer justicia. Mazón no ha sido imputado por la jueza que instruye el caso debido a su condición de aforado, al igual que el ex ministro de Transportes y ex secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos que no ha renunciado a su acta de diputado, una absoluta anormalidad democrática.
Hay que reconocer al presidente Pedro Sánchez su enorme habilidad para que todo el foco mediático y social se centre en Carlos Mazón como único responsable de aquel trágico día del 29-O en el que murieron 229 personas. Mazón y solo Mazón es único el responsable de aquella caótica gestión que derivó en una auténtica tragedia, tanto en vidas humanas como en daños materiales mientras el gobierno parece libre de toda culpa y de cualquier responsabilidad.
El Gobierno central no habría tenido ninguna responsabilidad en que no se decretara el estado de emergencia nacional ni tampoco en el retraso del envío de efectivos militares de la UME para las tareas de desescombro y limpieza. Tampoco la AEMET ni la Confederación Hidrográfica del Júcar, organismos que dependen del Ejecutivo, habrían actuado de manera negligente o incompetente al no alertar sobre el desbordamiento del barranco del Poyo, que fue la principal causa que propició todo lo que vino después.
Tras la dimisión de Carlos Mazón, los ánimos en la calle siguen igual de caldeados, y convendría que se respetara la instrucción judicial sobre todo porque la jueza de Catarroja que instruye el caso está recabando una gran cantidad de información y tomando declaración a testigos. Hoy conocíamos que, tras la comparecencia de Maribel Vilaplana, llamará a declarar en calidad de testigo al dueño de El Ventorro y al núcleo duro de Carlos Mazón, entre ellos Pérez Llorca, el nombre que más sueva para sustituir a Carlos Mazón. Sería conveniente dejar trabajar a la magistrada para que pueda realizar su trabajo sin presiones sociales.
El ensañamiento personal contra Mazón debe parar. Se le ha llamado asesino, cobarde, psicópata y toda clase de improperios. Ha asumido muy tarde sus responsabilidades políticas, pero una cosa es reconocer que actuó de forma negligente y otra muy distinta son los ataques personales. Se equivocó, pero no creo que sea una mala persona.
He escuchado estos días a dirigentes socialistas como Pilar Bernabé o Diana Morant o al propio Joan Baldoví, cuyo partido sigue apoyando al Gobierno de Pedro Sánchez, a pesar de los numerosos casos de corrupción, pedir un adelanto electoral en la Comunidad Valenciana, una reivindicación que los nacionalistas no exigen en Madrid. Tampoco señalan a Pedro Sánchez ninguna responsabilidad en la gestión de la dana. El único culpable es Mazón y el Consell.
No se cuestiona en ningún momento que las obras hidráulicas que estaban aprobadas, pero que no se ejecutaron por cuestiones no solo presupuestarias sino también ideológicas, de haberse llevado a cabo habrían salvado muchas vidas y paliado los daños materiales. En los últimos quince años no se ha realizado ninguna gran obra hídrica. Y durante estos años han pasado gobiernos de todos los colores.
Si algo ha salvado a Valencia de volver a sufrir inundaciones ha sido el Plan Sur. Conviene recordar que Compromís y el Gobierno del Botànic querían devolver el agua al antiguo cauce del Turia porque “las grandes inundaciones se dan cada 200 años”. El ex acalde de Valencia, Joan Ribó, tenía proyectado “renaturalizar” el espacio y hacer que el agua del Turia volviera a correr por el cauce atravesando la ciudad.
¿Alguien se ha preguntado qué habría pasado si esta obra que estaba en la cabeza de Ribó hubiera llegado a ejecutarse?
Y es que, claro, estamos en manos de verdaderos lumbreras que, por hacer un parque o un huerto urbano, no contemplan los efectos devastadores que podrían conllevar sus medidas. El Plan Sur salvó muchas vidas en Valencia el 29-O. Toda el agua que se había acumulado podría haber arrasado la ciudad como ocurrió en el 57 de no haber sido por esta infraestructura diseñada en tiempos de Franco. Pero solo escuchar el nombre de Franco les produce urticaria.