Carlos Mazón tuvo este lunes durante su comparecencia en la comisión de investigación, más de un año después de la tragedia provocada por la dana, una nueva oportunidad de pedir perdón a los familiares de las víctimas, con las que sigue sin reunirse pese al tiempo transcurrido. No lo hizo.
A estas alturas, resulta incomprensible la falta de empatía y de humanidad que el presidente de la Generalitat ha mostrado hacia las víctimas. Es, desde todo punto de vista, un comportamiento miserable. No repetiré lo epítetos que le dedicó el portavoz de ERC, Gabriel Rufián- porque todos pudimos escucharlos- pero no le falta razón. Mazón mintió dando diferentes versiones y ha vuelto a mentir en la comisión de investigación.
Pero, para mí, lo más terrible de todo es que Mazón siga dando la espalda a las víctimas y que, un año después, no se haya dignado a recibirlas. El daño ya está hecho, los muertos están ahí y no se puede hacer nada, pero si al menos hubiera pedido perdón, habría demostrado un mínimo de humanidad que las familias, sin duda, habrían agradecido.
Esta pesadilla le va a perseguir toda la vida.
Lejos de ese gesto, persiste en ningunearlas. Ignoro si Mazón tendrá la conciencia tranquila y podrá dormir por las noches con 229 personas fallecidas a sus espaldas, pero su actitud desde luego no invita a pensar lo contrario.
Como era de esperar, la comisión de investigación de la dana en el Congreso de los Diputados-como ocurrió en Les Corts- no sirvió absolutamente para nada. Y lo mismo ocurrirá en el Senado, donde Mazón volverá a repetir los argumentos exculpatorios con los que intenta eludir cualquier responsabilidad.
Desde primera hora de la mañana todas las cadenas de televisión y medios de comunicación informaban sobre la situación en Utiel. A pesar de la gravedad de lo que ya se conocía, Mazón no solo no suspendió su agenda, sino que se fue a comer a El Ventorro y no llegó al Cecopi hasta pasadas las ocho de la tarde. La obligación de un presidente es estar cerca de sus ciudadanos, y más en un momento así. Mazón no lo estuvo.
Sí que me pareció absolutamente fuera de lugar e inaceptable la intervención del portavoz del PSOE, Alejandro Soler, insinuando una posible relación sexual con la periodista que aquella tarde acudió a la comida en El Ventorro por una invitación del entonces presidente de la Generalitat para comunicarle una oferta de trabajo que finalmente rechazó.
Una cosa es querer conocer la verdad y otras muy distinta difundir bulos e insidias que solo desvían la atención y degradan el debate público.
Algunos han puesto a Maribel Vilaplana en el centro la diana, entre otras cosas por el hecho de ser mujer y periodista, pero Vilaplana no es responsable absolutamente de nada. Quien debe dar las explicaciones oportunas es quien decidió no enviar la alerta a la población y permitió que se demorara hasta las ocho de la tarde, cuando ya había personas que habían fallecido ahogadas precisamente porque no recibieron la alerta a tiempo.