Mientras el debate siga centrado en reproches, estrategias partidistas y cálculos electorales, las zonas afectadas por la tragedia seguirán esperando soluciones que no llegan al ritmo que necesitan. Hace falta menos confrontación y más responsabilidad; menos ruido y más capacidad de acuerdo

¿Qué va a hacer Compromís y PSPV-PSOE después de que Juanma Pérez Llorca haya asumido la presidencia de la Generalitat? Tras el volem votar, ¿cuál va a ser la próxima consigna?

La oposición debería cambiar de discurso y ponerse a trabajar en la reconstrucción de las zonas afectadas por la dana.

Tanto PSPV-PSOE como Compromís ya han manifestado que no reconocen como legítimo este relevo, pactado desde Madrid. Lo ven comocontinuidad de una política ya desacreditada. Antes de la investidura alertaban de que “Pérez LLorca es Mazón”. No le van a conceder ni los cien días de cortesía parlamentaria que habitualmente se respetan a un nuevo presidente porque para la oposición este no es un nuevo gobierno sino la prolongación del anterior.

Aún no se conocen los cambios que Juanma Pérez LLorca va a introducir en el nuevo Consell, pero todo apunta a que tendrá que acometer una renovación profunda a todos los niveles. No va a ser un camino de rosas para el nuevo presidente de la Generalitat, que en su discurso de investidura pidió perdón a las víctimas y asumió el reto de reconstruir la confianza en las instituciones.

La oposición, sin embargo,  le ha recriminado a Pérez LLorca que no se haya conocido públicamente el acuerdo de investidura que ha cerrado con Vox. Esta falta de transparencia no es nueva en la política. Sánchez fue investido presidente del Gobierno con el apoyo de las fuerzas independentistas, entre ellas, Bildu y ahora hemos conocido que el presidente Pedro Sánchez se reunió con Arnaldo Otegui en un caserío del País Vasco para acordar el apoyo de los abertales a la moción de censura contra Mariano Rajoy. Los acuerdos con los independistas catalanes los fuimos conociendo a medida que avanzaba la legislatura, pero no antes.

Mazón, que no ha renunciado a su acta de diputado, continúa en la diana de la oposición y de buena parte de la ciudadanía, y  no van a cesar en la presión hasta que entregue su acta de diputado y que incomprensiblemente sigue manteniendo al igual que José Luis Ábalos que hasta antes de entrar en prisión era diputado.

Hoy, día 29, ha  tenido lugar una nueva manifestación en València, bajo el lema: “Mazón a presó”, en la que miles de personas han vuelto a exigir responsabilidades por la gestión de la dana. Durante la protesta se han podido ver  imágenes  tanto de Pérez Llorca como de Mazón con las manos manchadas de sangre, un símbolo del malestar social y del convencimiento de muchos manifestantes de que aún no se han depurado todas las responsabilidades políticas.

Si de verdad, Pérez LLorca quiere quitarse la sombra de Carlos Mazón, una sombra que quiera o no le va a perseguir durante los dos años que quedan de legislatura, tendrá que marcar perfil propio desde el primer día. No le bastará con cambiar nombres o reorganizar consellerias: necesitará demostrar autonomía política, capacidad de gestión y un estilo diferente al de su antecesor, sobre todo en áreas especialmente sensibles como la respuesta a la dana, la planificación territorial o las relaciones con Vox. Aunque esto último parece especialmente difícil porque Vox es un socio poco fiable, como pudimos comprobar cuando Santiago Abascal decidió romper con todos los gobiernos autonómicos, aunque esa decisión no fue del agrado de todos.

El problema para el nuevo president es que parte con un doble lastre: por un lado, la herencia de un gobierno cuestionado por su gestión de la tragedia; por otro, la presión de un socio parlamentario que reclama visibilidad y que se cumplan los acuerdos pactados Si no consigue equilibrar ambas fuerzas, el riesgo es que su mandato sea percibido simplemente como una prolongación corregida —y no necesariamente mejorada— del anterior.

Al nuevo gobierno hay que exigirle  que tenga siempre presentes a las víctimas y que concentre todos sus esfuerzos en la reconstrucción de las zonas afectadas, donde, un año después de la tragedia, aún queda mucho por hacer. No se trata solo de obras y ayudas, sino de recuperar la dignidad, la seguridad y la esperanza de miles de familias que siguen esperando respuestas.

Y a la oposición también hay que pedirle altura de miras: que remen todos en la misma dirección y que no pongan palos en las ruedas buscando un rédito político o electoral. La ciudadanía no entendería otra cosa.