El PP, en la situación actual, no podía permitirse un adelanto electoral, aunque las encuestas auguren una nueva mayoría PP y Vox. Tampoco Pedro Sánchez contempla adelantar las elecciones, especialmente con José Luis Ábalos ya en prisión y con posibles revelaciones que podrían comprometer al Gobierno y al propio Pedro Sánchez. ¿Cuánto vale ahora la palabra de Ábalos enfrentándose a una pena de 23 años de cárcel? Para el Ejecutivo, nada. Ábalos se ha convertido en un apestado político, pese a haber sido secretario de Organización del PSOE, ministro de Transportes y mano derecha de Pedro Sánchez, gracias al cual ganó las primarias. El PP actuó de manera similar con Francisco Camps y Rita Barberá.
Pérez LLorca no lo tendrá nada fácil, con la sombra de Mazón persiguiéndole en todo momento. La oposición se encargará de recordárselo, como ya hizo desde que su nombre surgió como posible sustituto de Mazón.
Si el PP pretende iniciar una nueva etapa tras la dimisión de Carlos Mazón debería haber pensado en un candidato menos vinculado al ex presidente, como es el caso de Pérez LLorca.
La remodelación en el Consell debería ser total. El nuevo presidente de la Generalitat debe centrarse exclusivamente en los dos años de legislatura que quedan por delante, salvo que Vox rompa el acuerdo de Gobierno, como ya hizo anteriormente en los gobiernos autonómicos, en la reconstrucción de las zonas afectadas y en un acercamiento a las víctimas, hasta ahora totalmente ignoradas por la Generalitat que ni siquiera fueron recibidas por el anterior presidente de la Generalitat.
Hoy conocíamos la noticia, publicada por este mismo periódico, que lejos de retirarle el acta de diputado, el PP ha premiado a Carlos Mazón con un nuevo cargo como portavoz de una Comisión de Reglamento (¿) que no sabemos muy bien para qué sirve y qué trabajos desarrolla, pero que permitirá a Mazón embolsarse una cantidad extra cada mes. Una absoluta indecencia.
Del pacto con Vox que ha permitido la investidura de Pérez LLorca no ha trascendido ningún detalle, porque así lo decidieron ambas formaciones políticas. Abascal habló de la construcción de diques y presas como condición para apoyar la investidura, sin embargo, todos sabemos que en ese acuerdo se refleja la principal reivindicación de la formación ultra: la expulsión de todos los inmigrantes en situación irregular y la revisión del Pacto Verde, un discurso que ya copia el PP.
La oposición desconfía del pacto entre el PP y Vox. Desde esta tribuna, y siempre que he tenido ocasión, he defendido una alternativa que evitaría depender de los votos de Vox: que el PSPV-PSOE, como se ofreció a hacer inicialmente con los presupuestos tras producirse la dana, incluso apoyando a otro candidato que no fuera Mazón, respaldara al candidato del PP a la investidura. El cordón sanitario del que tanto habla la izquierda, pero que luego no se pone en marcha cuando tienen la oportunidad de aplicarlo. En Francia hemos visto como la derecha y la izquierda se apoyan mutuamente para evitar el ascenso de la ultraderecha.
Trasladado a la política nacional, esto equivaldría a un gran pacto entre el PSOE y el PP, una vía que también defiende el profesor Paniagua, colaborador habitual de este periódico, con el objetivo de dejar fuera de las instituciones a los populismos de derecha e izquierda y evitar que el país dependa de formaciones independentistas que solo buscan la ruptura con el Estado central.