Este Gobierno no deja de sorprendernos cada día que pasa. El presidente, que recorrió España con un Peugeot en compañía de Santos Cerdán, Koldo García y José Luis Ábalos, lo mejor de cada casa, ha tenido la osadía de afirmar, en una entrevista concedida a una cadena amiga, que en lo personal no conocía al que fue su mano derecha, ex secretario de Organización del PSOE y ex ministro de Transportes, José Luis Ábalos. Para no conocerlo en lo personal, desde luego le otorgó muchas atribuciones y responsabilidades.
Sánchez nos toma por tontos, o lo que es peor: se cree que lo somos.
De Leire Díez, la fontanera del PSOE, dijo también que no la conocía, pese a la multitud de fotografías en las que aparecen juntos. La encargada de desprestigiar a mandos de la Guardia Civil que investigaban casos de corrupción en el entorno familiar de Pedro Sánchez. La periodista de “investigación” que nunca realizó un trabajo de investigación.
Ábalos, que ya está en prisión al igual que Koldo y se enfrenta a una posible pena de 23 años, está dispuesto a tirar de la manta. Sánchez contraataca asegurando que no se va dejar chantajear. Mientras tanto, el Gobierno intenta restar credibilidad a las amenazas de José Luis Ábalos. El PSOE da por cerrado el caso con la dimisión del ex ministro. Y, además, sostienen que han actuado con contundencia contra la corrupción. Y, en el “y tú más” en el que están instalados unos y otros, señalan al PP, que con su propio pasado judicial tampoco está en condiciones de dar muchas lecciones.
Me pregunto qué pasaría si todo lo que vamos conociendo se hubiera producido bajo un gobierno del PP. ¿Se imaginan ustedes cómo estaría la calle si la mujer, el hermano de Alberto Núñez Feijóo, el fiscal general del Estado o el secretario de Organización del PP estuvieran imputados? ¿Qué estarían diciendo el señor Gabriel Rufián o la señora Yolanda Díaz cuando la hoy ministra de Trabajo le exigía a Mariano Rajoy que presentara su dimisión por ser el responsable de una trama corrupta? Para el portavoz de ERC, si los casos de corrupción no van más allá de dos o tres personas no hay por qué dejar caer al Gobierno. Dos o tres personas que, en este caso, no son precisamente cargos irrelevantes en el PSOE. Hablamos de dos ex secretarios de Organización del PSOE y un ex ministro de Transportes.
Por si fuera poco, la defensa del feminismo que han proclamado algunos miembros del Gobierno, entre ellos Ábalos, con su célebre eslogan “soy socialista porque soy feminista”´, o las acusaciones de acoso sexual contra Paco Salazar, silenciadas durante meses y cuyo nombre llegó a barajarse junto al de Óscar Puente para sustituir a Santos Cerdán al frente de la Secretaria de Organización del PSOE se han visto truncadas por estos mismos personajes que hicieron bandera del feminismo. Resulta que quienes querían prohibir la prostitución contrataban prostitutas para sus fiestas privadas, pagadas con el dinero de todos los españoles.
Hay que reconocer que la izquierda, cuando se trata de casos de corrupción que les afectan en primera persona y de forma muy directa, siempre recurre a minimizar su alcance, diluir responsabilidades y desviar la atención hacia cualquier otro asunto. ¿Recuerdan cuando Sánchez defendió en Bruselas el fin del cambio de hora? Como si ese fuera, precisamente ahora, el asunto que más preocupa a los españoles.
Tampoco hemos visto a los sindicatos tan activos con gobiernos del PP, manifestándose, por ejemplo, contra el que es hoy el principal problema de los españoles: la vivienda. Cuando uno escucha al Gobierno, da la impresión de que olvidan que llevan siete años en el poder, y que, durante ese tiempo, el acceso a la vivienda, especialmente para los jóvenes, no ha hecho más que empeorar. En Valencia vivimos la experiencia del Botànic que, tras ocho años de gobierno entre el PSPV y Compromís, no fueron capaces de construir ni una sola vivienda pública.