Estoy en las antípodas ideológicas del señor Gabriel Rufián, ni soy republicano ni tampoco independentista, sin embargo, quiero poner de relieve el tono y las formas que empleó con Salomé Pradas durante su comparecencia en la comisión de investigación de la dana. Sin necesidad de hacer leña del árbol caído, la conminó a pedir perdón a las víctimas y a decir la verdad.

Creo, al igual que el portavoz de ERC, que hubo negligentes y personas que no supieron actuar, y Salomé Pradas se encuentra claramente en este segundo grupo. No pueden ponerse en el mismo nivel de responsabilidad.

El cese de Salomé Pradas fue el único cambio que acometió el Consell hasta la dimisión de Carlos Mazón, un año más tarde, en un intento evidente de descargar responsabilidades sin asumir las propias.

A Salome Pradas se le podrán atribuir una serie de errores durante el día de la dana. Llevaba apenas tres meses en el cargo, después de que Vox rompiera con los Gobiernos autonómicos y está conselleria había estado previamente en manos de Vox, que recortó la partida destinada a emergencias,  pero estuvo en el Cecopi y trató de localizar a Carlos Mazón, que permaneció desaparecido hasta pasadas las ocho de la tarde. Cargar sobre ella toda la responsabilidad resulta injusto y, sobre todo, interesado.

El máximo responsable de aquella tragedia, como ha reconocido la jueza de Catarroja que instruye la causa, fue el entones presidente de la Generalitat, que todavía conserva su acta de diputado, Carlos Mazón, y, por tanto, es aforado. Si no contara con este privilegio de la clase política, es muy probable que estuviera investigado, lo que antes se conocía como imputado.

En manos de Salome Pradas está ahora contar toda la verdad. No puede ni debe seguir protegiendo al señor Carlos Mazón.

La jueza ha llamado a declarar como testigo al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. Conviene recordar que dos días después de ocurrir la tragedia, Núñez Feijóo se desplazó a la Comunidad Valenciana para respaldar  a Carlos Mazón y, en la rueda de prensa  ofrecida entonces, afirmó que en todo momento estuvo informado por el presidente de la Generalitat. Una afirmación que  contradice todo lo que se ha conocido posteriormente.

Las mentiras se han sucedido desde el principio. Mazón ha dado diferentes versiones de los hechos, cada cual más rocambolesca que la anterior.

El objeto de la comisión de investigación que se ha celebrado en el Congreso de los Diputados tiene como finalidad esclarecer lo ocurrido y conocer la verdad, el mismo objetivo que persiguen los familiares de las víctimas, quienes incomprensiblemente nunca fueron recibidos por el entonces presidente de la Generalitat.

Casi catorce meses después, esa verdad sigue sin aflorar.