El campo ha salido de nuevo a la calle para reclamar sus derechos frente a los reiterados incumplimientos de las instituciones europeas. Las protestas celebradas  en Bruselas y en distintas ciudades de España, como Valencia, en defensa del mundo rural han tenido un seguimiento mayoritario, aunque hay que lamentar algunos incidentes violentos.

Los recortes en la PAC y el acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur, cuya firma se ha postergado hasta enero, indignan y, con razón, al sector primario, que, una vez más, se siente utilizado como moneda de cambio.

Vivir de la agricultura resulta cada vez más complicado y, lejos de ofrecer soluciones, Bruselas responde con nuevos recortes que, en el caso de España, alcanzan los 900 millones de euros. Una decisión que pone en serio riesgo la viabilidad de miles de explotaciones agrarias abocadas al abandono.

Es imposible atraer a los jóvenes al mundo rural si saben de antemano que se dedicarán a una profesión que, en el mejor de los casos, solo les permitirá cubrir gastos.

El acuerdo con Mercosur, rechazado  por todas las asociaciones agrarias, no debería firmarse mientras no se garanticen las denominadas cláusulas espejos. Los productos importados deben cumplir las mismas normas sanitarias, medioambientales y de bienestar animal que se exigen a los productores de la UE. Permitir la entrada de productos o mercancías que no respetan estos  estándares de calidad, como ocurre con la naranja de Sudáfrica, pone en peligro la salud alimentaria y distorsiona la competencia.

La ley de la Cadena Alimentaria, que prohíbe vender por debajo del precio de coste, sigue sin cumplirse y muchos agricultores se ven obligados a vender a pérdidas. Con este horizonte que dejamos a las generaciones futuras, resulta imposible que se produzca el necesario relevo generacional.

Agricultores y ganaderos reclaman normas iguales para todos. ¿Por qué un producto procedente de Egipto o de Marruecos no está sujeto a las mismas exigencias fitosanitarias que se imponen a los productos europeos? Sin igualdad de condiciones, el futuro del campo español y europeo queda seriamente comprometido.