Ninguna dimisión, por el momento, tras el monumental batacazo electoral de los socialistas en Extremadura con un candidato, Miguel Ángel Gallardo, que en la rueda de prensa posterior a conocerse los resultados electorales, echaba la culpa a María Guardiola por haber anticipado los comicios y no haber conseguido la mayoría absoluta. Tras escucharlo, resulta difícil entender cómo los extremeños le pudieron votar. No solo era un pésimo candidato, imputado por el caso del hermano de Pedro Sánchez, sino que, tampoco presentó su dimisión nada más conocerse los resultados electorales que llevan al PSOE a los peores resultados de su historia en una Comunidad autónoma que han gobernado los socialistas durante los últimos casi treinta años y que ha sido un feudo hegemónico, como lo fue también Andalucía, ahora en mano de los populares. El PSOE ha perdido todo el poder territorial que conservaba. Solo mantiene Asturias y Castilla- La Mancha.
Los pésimos resultados obtenidos por el PSOE que pasa de 28 a 18 escaños son el reflejo a nivel nacional del deterioro que los casos de corrupción están pasando factura a los socialistas y que tendrá su reflejo en Aragón, Andalucía y Castilla y León, próximas citas electorales para 2026.
El descalabro electoral ha sido de tal magnitud que desde Ferraz se niegan a extrapolar estos resultados en clave nacional.
Gallardo, que inexplicablemente ganó las primarias, era el candidato elegido y apoyado por Pedro Sánchez, augurándole que se iba a convertir en el próximo presidente de Extremadura. De hecho, Sánchez se ha involucrado en estas elecciones desde el inicio de la campaña electoral.
La manipulación informativa de RTVE llegó al extremo de dar como ganador a Miguel Ángel Gallardo al inicio del escrutinio, cuando solo se llevaba contabilizado el 1% de los votos. El nivel de sectarismo alcanzado por la televisión pública, financiada con los impuestos de todos los españoles, resulta difícil de igualar. Programas y tertulias se han convertido en altavoces del sanchismo, con palmeros como Javier Ruiz o Gonzalo Miró, ejerciendo más de voceros políticos que de analistas. El primero llegó a presentar como médica a una empleada de cocina de un hospital en plena polémica por los cribados de cáncer en Andalucía, un episodio que ejemplifica la degradación del rigor informativo en RTVE.
El PP, pese a ganar las elecciones, no consigue su objetivo de alcanzar la mayoría absoluta para gobernar en solitario y no depender de Vox, que era el objetivo de María Guardiola, sin embargo, dependerá más de Vox. Los de Abascal que han duplicado sus escaños, son la fuerza política que más crece, se convierten en socios decisivos para que María Guardiola sea investida presidenta de la Junta de Extremadura. Aunque han descartado entrar en el Gobierno autonómico van a endurecer sus exigencias.
El escenario de una repetición electoral, como adelantó Guardiola durante la campaña si no era capaz de formar gobierno, no parece la mejor alternativa en estos momentos, con Voz claramente disparado. Una nueva cita con las urnas podría reforzar aún más a la formación de Abascal y complicar el equilibrio político resultante, lejos de ofrecer una solución estable para Extremadura.
Pese a estos resultados, la derecha representa el 60% de los votos frente a una izquierda en claro declive.
Me pregunto qué estaría diciendo el sanchismo y su coro de acólitos mediáticos si en estas elecciones el PSOE se hubiera quedado a solo cuatro escaños de la mayoría absoluta y a 18 puntos del PP. Seguramente hablarían de victoria moral, de resistencia democrática y de un resultado esperanzador, en un ejercicio de relativismo político al que ya nos tienen acostumbrados.