Vox ha venido para quedarse. No creo que le ocurra lo mismo que a Ciudadanos o Podemos. Tras los continuos desencuentros entre María Guardiola y la formación de Abascal, a la líder del PP no le queda otro remedio, salvo que decida convocar de nuevo elecciones, que sentarse a negociar un acuerdo con Vox.

La hipótesis de una abstención del PSOE que permitiera gobernar a la lista más votada, como ha propuesto el ex presidente de la Junta de Extremadura Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ha sido descartada desde Ferraz. No habrá abstención del PSOE en la investidura de María Guardiola.

Ir a unas nuevas elecciones sería un suicidio político para el PP, ya que le haría depender todavía más de Vox.

La formación de Abascal, que ha duplicado el número de escaños, está ahora más fuerte que antes que María Guardiola anticipara los comicios.

El descalabro del PSOE solo se explica por la elección de un pésimo candidato, que ha cosechado los peores resultados de su historia en Extremadura. Presentar a una persona imputada, como es el caso de Miguel Ángel Gallardo, entrañaba riesgos evidentes, y así ha sido. Esta decisión ha pasado factura. El candidato de Pedro Sánchez ha llevado al PSOE extremeño a perder la mitad de sus escaños en una comunidad autónoma que los socialistas han gobernado durante los últimos casi treinta años, en muchos casos con mayorías absolutas.

Lo ocurrido en las elecciones de Extremadura puede repetirse en Aragón, Castilla y León y Andalucía, próximas citas electorales en las que el PP podría volver a  quedarse sin mayorías absolutas, como Andalucía y depender nuevamente de Vox. El descalabro electoral del PSOE está más que cantado. Y no parece que las ministras Pilar Alegría, en Aragón, y María Jesús Montero, en Andalucía, sean precisamente los revulsivos que el PSOE necesita en estos momentos para recuperar a su electorado y acortar distancias con el PP.

El mensaje que la izquierda lleva repitiendo machaconamente- el miedo a que gobierne la ultraderecha- y que en otras ocasiones les ha funcionado, con una mayor movilización de su electorado, ha perdido fuerza en las últimas elecciones debido al fracaso de las dos principales formaciones políticas, el PP y el PSOE. Vox, prácticamente sin hacer nada y sin estar presente en gobiernos autonómicos- de los que además se retiró- ni en el día a día de la gestión, ha conseguido canalizar el voto del descontento social, especialmente entre los más jóvenes.

Ahora que Podemos propone rebajar la edad de voto a los 16 años, resulta casi ingenuo —o profundamente irresponsable— ignorar que ese electorado joven, al que pretende seducir, está canalizando su enfado y su frustración hacia Vox, como reacción al fracaso político acumulado de la izquierda y de los partidos tradicionales.