La extrema izquierda ha salido en tromba para condenar los bombardeos y la captura del dictador venezolano, Nicolás Maduro, acusado por EEUU de delitos de narcotráfico. No mostraron la misma indignación cuando Rusia invadió Ucrania, lo que vuelve a poner de relieve una clara incoherencia moral y política, aplicada en función del color ideológico de unas dictaduras u otras. Cabe preguntarse si la reacción habría sido la misma si EEUU, en lugar de atacar Venezuela, hubiera intervenido militarmente en un país como Argentina.
La izquierda nunca he reconocido a Maduro como lo que realmente es: un dictador que se mantiene en el poder mediante la represión, el fraude electoral y el control absoluto de las instituciones. Las elecciones presidenciales que ganó la oposición y que ningún país validó como legítimas fueron un pucherazo del chavismo. Una dictadura que ha dejado un país que es el principal productor mundial de petróleo en la miseria más absoluta.
Podemos ha pedido la ruptura de relaciones con EEUU y la salida de la OTAN mientras que el Gobierno ha condenado la violación del derecho internacional y se ha ofrecido para mediar en el conflicto.
A diferencia de lo que ha hecho Vox, que se ha felicitado abiertamente por la intervención militar de EEUU, el partido de Marine Le Pen, Agrupación Nacional, que ha sido muy crítico con el chavismo, ha condenado sin paliativos los ataques de EEUU en Venezuela al considerar que se ha violado la soberanía de un país.
Siendo muy críticos con el gobierno de Nicolás Maduro, que ha violado sistemáticamente los derechos humanos, el uso de la fuerza no puede servir como instrumento para cambiar gobiernos. La solución a la crisis venezolana no debe venir impuesta desde el exterior sino que debe surgir de un proceso político interno que respete la soberanía nacional y el derecho internacional.
Lo que ha hecho EEUU en Venezuela, como ya hizo en su día en Panamá, sienta un precedente muy peligroso que deja las manos libres a otros sátrapas para actuar del mismo modo, como Vladimir Putin en Ucrania, amparándose en la ley del más fuerte. ¿Quién va a pararle los pies a Putin si decide anexionarse Letonia, Lituania o Estonia? Cualquier país con capacidad militar suficiente podría sentirse legitimado para imponer su voluntad por la fuerza, debilitando aún más un orden internacional ya frágil y desacreditado.
En la ley de la jungla, el más fuerte es el líder.
Como era de esperar y tras años de sufrimiento, la oposición venezolana ha reaccionado con alegría y esperanza ante el fin del régimen de Maduro. Para millones de venezolanos, esta noticia representa el cierre de una de las etapas más oscuras de su historia reciente, marcada por la pobreza, el exilio forzado, la persecución política y el colapso económico. La caída del dictador abre la puerta, al menos, a la posibilidad de reconstrucción democrática de un país devastado por años de corrupción e impunidad.