Este sábado ha tenido lugar una manifestación en Bilbao que ha congregado a más de 20.000 personas, convocada por la red ciudadana Sare, a la que han asistido EH Bildu, ERC, Junts, BNG, Sumar y Podemos, todos ellos socios del Gobierno de Pedro Sánchez, para pedir la excarcelación de los 120 presos que cumplen condena en las cárceles del País Vasco y Navarra, despuésde que el Gobierno vasco asumiera las competencias en materia de política penitenciaria y se pusiera fin a la política de dispersión de presos etarras.
Estos días conocíamos la noticia del fallecimiento de un montañero vasco mientras practicaba senderismo que perteneció a la banda terrorista ETA, condenado a 123 años por el asesinato del teniente coronel Pedro Antonio Blanco. Solo cumplió 15 en prisión. Iban Apaloaza disfrutaba del régimen abierto, lo mismo que solicita la extrema izquierda para el resto de presos etarras.
No es posible jurídicamente, lo sé, pero sería deseable que, en estos casos, la decisión no dependiera exclusivamente del Gobierno, sino que se tuviera en cuenta la opinión de las asociaciones de víctimas del terrorismo. Por eso, cuando se habla de supuestas violaciones de los derechos humanos de los presos etarras, convendría preguntarse si esos mismos derechos eran respetados cuando colocaban una bomba lapa o disparaban un tiro en la nuca a quienes no pensaban como ellos.
ETA asesinó a cerca de 900 personas y todavía quedan alrededor de 380 crímenes sin resolver. No ha existido una colaboración real con la justicia que haya permitido esclarecer estos asesinatos.
Hay que dar la bienvenida y felicitarse por que ETA haya desaparecido. Dentro de poco se cumplirán quince años desde que la banda terrorista anunció el fin de su actividad terrorista ; sin embargo, su brazo político, EH Bildu, sigue sin condenar de manera clara y rotunda la violencia terrorista ni pedir perdón a las víctimas. Mientras este paso no se produzca, resulta muy difícil hablar de una auténtica reconciliación, por mucho que desde la izquierda abertzale se pretenda construir un relato distinto.Tras el asesinato de Carrero Blanco, que representaba la continuidad del régimen franquista, ETA continuó asesinando ya en plena democracia.
Por el bien de la convivencia en el País Vasco y en el conjunto de España, sería deseable que estos mismos partidos que hoy se movilizan para defender los derechos de los presos etarras hicieran lo mismo cuando se manifiestan los familiares de las víctimas, que siguen reclamando memoria, reparación y justicia.