Vivimos tiempos convulsos. EEUU, la mayor democracia del mundo, se desmorona a pasos agigantados con pies de barro. En apenas un año de mandato de Donald Trump al frente de la Casa Blanca, la brutalidad se ha normalizado. Este es el mismo tipo que se postulaba para el Nobel de la Paz y que se enfadó con María Corina Machado y con la Academia sueca por no haberlo recibido.
Ayer, un ciudadano estadounidense que gravaba pacíficamente unas imágenes con su móvil en las que mostraba cómo rociaban a los manifestantes con gas pimienta fue asesinado a sangre fría en el suelo de diez disparos por agentes de la policía migratoria (ICE) de Donald Trump. El hombre, de 37 años y enfermero de cuidados intensivos, se llamaba Alex Jeffrey Pretty. Trabajaba en un hospital del Departamento de Asuntos de Veteranos y era profundamente querido por su comunidad por su dedicación a ayudar a otros. Pretty es el segundo estadounidense asesinado a manos del ICE.
Hemos visto cómo, en esta misma ola de represión para luchar contra la inmigración irregular, la policía migratoria detiene incluso a menores de edad y los separa de sus padres, en operaciones que humillan y traumatizan a familiares enteras, para luego ser deportados, bajo acusaciones que muchos consideran falsas o infundadas.
Actúan con absoluta impunidad, fuera de la ley. Ellos son la máxima autoridad. El policía que le descerrajó diez tiros en el suelo a Alex Jeffery cuando estaba desarmado, llevar armas en Minneapolis no es ilegal, no será juzgado y las autoridades federales insisten en narrativas contradictorias para justificar la violencia. El propio Donald Trump ha salido inmediatamente en su defensa a través de las redes sociales para acusar a Jeffrey de tener un arma cargada y lista para disparar. Hipótesis que ha sido absolutamente descartada, como se aprecia en las imágenes donde un agente le quita el arma que llevaba en el costado.
Detienen a personas por su color, por su origen o simplemente por documentar lo que está ocurriendo. Son la nueva Gestapo.
Al igual que Hitler utilizó a la policía política secreta del Tercer Reich como instrumento de tortura, represión y terror contra los judíos, Donald Trump ha convertido al ICE en un cuerpo que, que bajo la justificación de perseguir delincuentes peligrosos con antecedentes penales, actúa con brutalidad, intimidando y arrestando incluso a ciudadanos estadounidenses, menores de edad y familias enteras.
El nuevo orden internacional se basa en la ley del más fuerte. No existen normas ni tratados internacionales. Se anexionan países soberanos por la fuerza militar o económica, que produce los mismos efectos.
Nadie parece capaz de pararle los pies a este matón de tres al cuarto que ejerce el poder como si las vidas humanas no tuvieran ningún valor.