Soy de la generación que creció viendo las películas de Fernando Esteso y Andrés Pajares. Y hoy es un día triste para muchos de nosotros, que reímos con sus películas. Nos ha dejado un maestro de la comedia. Un actor como la copa de un pino, cuyas películas fueron durante años un éxito en las taquillas de toda España.

Títulos como Los Bingueros, El hijo del cura o Yo hice a Roque III marcan una filmografía ligada a la mal llamada época del destape, donde Esteso y Pajares fueron una pareja infalible con millones de espectadores que iban a las salas de cine a ver sus películas. Era un cine popular, ingenuo y disparatado que llenaba salas y hacía reír sin complejos; un tipo de humor que, para bien o para mal, hoy sería imposible de repetir.

Era un cine que reflejaba la sociedad de la época. Había muchos pepitos piscinas.

Esteso estuvo encasillado en un tipo de cine, como le pasó en los primeros años a Alfredo Landa o José Sacristán y quizá por eso nunca se valoró del todo su talento más allá de la risa inmediata. Andrés Pajares, sí tuvo la oportunidad de demostrar su talento como actor en películas como ¡Ay, Carmela! donde interpreta a un artista ambulante en plena Guerra Civil y revela un registro dramático que muchos no imaginaban. Trabajo que le valió el Goya al mejor actor.

Sus últimas apariciones cinematográficas fueron en la saga Torrente de Santiago Segura y en algún capitulo aislado de la serie televisiva La que se avecina.

Vi a Fernando Esteso en una ocasión, cuando ya estaba retirado del cine y del teatro. Me encontraba cenando en un parador de carretera. Entró con su periódico debajo del brazo y se sentó en las primeras mesas del comedor, con una discreción que contrastaba con el personaje deslenguado que yo recordaba de la pantalla. A veces no somos capaces de separar al personaje de ficción del de la vida real.

Aquel encuentro fugaz me hizo pensar que los cómicos también envejecen, que detrás de las carcajadas hay vidas silenciosas. Detrás de aquel personaje salidillo, infiel y ligón que encarnó en tantos papeles en el cine estaba la persona discreta que, a pesar de lo que mostraba en la pantalla, no tuvo una vida fácil. Su adicción a las drogas, como él mismo reconoció en una entrevista muy personal que le hizo Sonsoles Ónega, un capítulo de su vida que afrontó con sinceridad y valentía.

Como tantos otros grandes actores del cine español, Fernando Esteso ha fallecido sin recibir el reconocimiento de la Academia del Cine, pero su talento, sus películas y las risas que nos regaló permanecen imborrables.