La líder del PSPV, Diana Morant debería hacérselo mirar. En lugar de centrarse en temas de verdadera relevancia que afectan a los valencianos como financiación, vivienda o dependencia, emplean el tiempo en decidir cómo dirigirse al presidente de la Generalitat. No con un título formal como “Molt Honorable”, ni Pérez LLorca, ni simplemente LLorca, sino como Señor Pérez.  

No es baladí esta elección, porque en política estos gestos simbólicos son herramientas estratégicas de comunicación y de presión. Los socialistas valencianos han decidido referirse al presidente de la Generalitat como “señor Pérez”, un gesto claro para rebajar su autoridad o marcar distancia, muy similar a lo que hacía Joan Baldoví con Carlos Mazón en les Corts, cuando lo tuteaba  para no reconocerle la autoridad que, como presidente de todos los valencianos, le corresponde. Compromís mantuvo este tono con el presidente de la Generalitat mientras se mantuvo en el cargo.

El PSPV arrastra además un problema de liderazgo evidente que Diana Morant no ha sabido resolver. Su designación fue una apuesta personal de Pedro Sánchez, como lo ha sido la de Pilar Alegría en Aragón: ministras proyectadas desde Madrid para intentar recomponer federaciones socialistas en horas bajas. Sin embargo, el resultado dista mucho del esperado. Su papel durante la DANA dejó bastante que desear y evidenció una oposición más pendiente del guion de Ferraz que de arrimar el hombro junto a los valencianos.

Se puede disentir del adversario político sin perder las formas. Se pueden combatir ideas sin atacar la institucionalidad. Se puede criticar, disentir y ejercer oposición sin recurrir a gestos que socaven el respeto institucional. Esta falta de respeto institucional, a mi juicio, poco ayuda a mejorar el clima político.

Da la sensación de que los socialistas valencianos andan mal para perder el tiempo en este tipo de gestos,  en lugar de dedicarse a lo realmente importante que es hacer oposición sobre los asuntos que afectan y preocupan a los valencianos. Y no creo que entre esas prioridades esté el cómo dirigirse al presidente de la Generalitat Valenciana, por mucho que Pérez sea un apellido muy extendido en la Comunidad Valenciana.

Cuando yo era pequeño a los profesores les hablábamos de usted, como señal de respeto a la autoridad que representaba el maestro. Es necesario recuperar esa cultura del respeto que hoy algunos confunden con sumisión y que, sin embargo, es el cimiento de cualquier democracia madura.