No hay dinero para invertir en investigación contra el cáncer, pero el Gobierno sí encuentra recursos económicos suficientes para renovar por dos años más el programa de David Broncano, “La revuelta”, regado con 31,5 millones de euros de dinero público, justo la cantidad que necesita el científico Mariano Barbacid, para continuar con unproyecto que ha logrado revertir el cáncer de páncreas en animales, sin efectos secundarios y con una durabilidad nunca observada hasta ahora. Un avance histórico que abre una puerta de esperanza a miles de enfermos y a sus familias ante uno de los cánceres con peor pronóstico y esperanza de vida.

En España, el cáncer es la primera causa de muerte, con más de 115.000 fallecimientos anuales en 2024, aunque se espera un aumento a más de 180.000 muertes en 2050 debido al envejecimiento poblacional y a factores de riesgo como el tabaquismo que contribuyen al aumento de casos y muertes.

Con estas estadísticas, resulta difícil explicar a la ciudadanía que no haya fondos suficientes para apoyar investigaciones de este calibre mientras se destinan decenas de millones a programas de entretenimiento televisivo. El Gobierno, lejos de situar la ciencia como una prioridad estratégica, prefiere gastarse un pastizal en un programa que compite con El Hormiguero de Pablo Motos en horario de máxima audiencia, con la diferencia de que el primero se financia con nuestros impuestos y el segundo pertenece a  una cadena privada.

La misma falta de recursos se repite en el caso de los enfermos de ELA. A pesar de la promesa de movilizar 500 millones de euros para garantizar una vida digna a quienes padecen esta enfermedad devastadora, las ayudas siguen sin llegar con la urgencia necesaria. Muchas familias continúan asumiendo gastos inasumibles mientras esperan que los compromisos políticos se conviertan en realidades.

Parece importar más financiar el entrenamiento afín al Gobierno, con programas basura como La Revuelta, que apostar por la investigación científica.

Los trabajos de Mariano Barbacid, reconocidos internacionalmente, merecen no solo un apoyo económico firme y estable sino también el máximo reconocimiento, como sería el Premio Nobel de Medicina.

Nadie es profeta en su tierra y luego lamentamos que el talento huya fuera de nuestras fronteras.