Alberto Núñez Feijóo, unos días dice que quiere gobernar en solitario y otros en cambio no descarta pactar con Vox si entra en los gobiernos. Al líder del PP le falta determinación y una postura clara sobre sus pactos de gobierno en relación con el partido de Santiago Abascal. No puede decir un día una cosa y al siguiente la contraria.
Si los socialistas pueden pactar con partidos independentistas como ERC o EH Bildu para lograr mayorías parlamentarias, ¿qué le impide al PP pactar con Vox?
Descartadas las mayorías absolutas, salvo en Andalucía, donde el PP podría revalidar su mayoría, quien quiera gobernar tendrá que buscar acuerdos de legislatura o formar gobiernos de coalición.
Ante la negativa de la izquierda, y especialmente de los socialistas, a facilitar gobiernos del PP mediante la abstención cuando son la lista más votada, Pedro Sánchez ya ha dicho que no cuenten con ellos en Extremadura, al PP no le queda más remedio que pactar con Vox. No tiene otros socios, como si ocurre en la izquierda donde el espectro político es mucho más amplio a la izquierda del PSOE.
PP y Vox están condenados a entenderse, aunque a veces parezca que el adversario político de Vox sea el PP y viceversa y no el PSOE. No se entiende cómo en Extremadura sigue vigente el bloqueo, y María Guardiola no tiene garantizada su investidura, pese a que el PP duplicó en número de votos a Vox. Los acuerdos y el reparto de concejalías deberían ser proporcionales a los resultados. El PP obtuvo el 43,18% de los votos, frente al 16,9% del partido de Santiago Abascal y, sin embargo, con estos resultados quieren imponer su agenda política, de ahí que María Guardiola, con razón, haya afirmado que no quiere travestirse de Vox.
Los ciudadanos han perdido el miedo al mantra de la izquierda sobre el peligro de la extrema derecha y han normalizado a Vox, que ha sabido aprovechar el descontento social y, además, ha evitado el desgaste que sí ha sufrido el PP al no asumir responsabilidades de gobierno.
En este sentido, resulta estratégico que Vox se comprometa a asumir responsabilidades de gobierno y que deje de ser un mero espectador, como ha ocurrido hasta ahora, entre otras razones porque sus votantes pueden tener la sensación de que su voto no sirve de nada. Santiago Abascal rompió con el PP en todos los gobiernos autonómicos a raíz de competencias relacionadas con el reparto de menores inmigrantes entre CCAA.
En Valencia, tras las elecciones del 23-J, se firmó un pacto PP-Vox en apenas 24 horas con Carlos Mazón. El conocido como pacto de la servilleta. En ese acuerdo, Vox, obtuvo entre otras, la Conselleria de Justicia que asumió Elisa Núñez. También la de Agricultura. Tras la reestructuración del Consell a finales de 2024, se creó la Conselleria de Emergencias e Interior, que pocos meses antes de la dana fue asumida por Salomé Pradas.
La gestión de la dana con el PP todos la conocemos, pero ¿qué habría pasado si estas competencias hubieran estado en manos de Vox?