Gabriel Rufián ,que llegó al Congreso de los Diputados para 18 meses y  lleva ya diez años en su escaño de portavoz de ERC, quiere impulsar una plataforma plurinacional para aglutinar a toda la izquierda ante el avance de la derecha y la ultraderecha, términos que para buena parte de la izquierda suelen ir de la mano.

Tras el fracaso de la república catalana, Rufián ha encontrado acomodo en la España que tanto detesta, pero que le da de comer y ha relanzado su carrera política.

 ¿Liderará el propio Rufián esa coalición de izquierdas? En principio, cuenta con visibilidad mediática, experiencia parlamentaria y un perfil que conecta con cierto electorado progresista fuera de Cataluña.

El loable intento de unir a toda la izquierda es el nuevo proyecto de Gabriel Rufián. Sin embargo,  liderar esa iniciativa en España sin romper con las siglas de ERC  resulta difícil de encajar para quien ha defendido abiertamente la ruptura con el Estado.

La idea de un frente amplio no es nueva en la izquierda española, y la mayoría de los intentos anteriores han terminado en fracaso. Además, la izquierda estatal y el independentismo catalán han mantenido relaciones complejas. No todo el electorado progresista vería con buenos ojos que una figura asociada al independentismo liderara un proyecto estatal.

Rufián representa a un partido con fuerte implantación en Cataluña, pero limitada fuera de ahí. Liderar una coalición estatal requiere estructura territorial amplia y alianzas sólidas en todo el país.

Podemos ya se ha desmarcado de esta iniciativa y su cofundador Pablo Iglesias lo ha calificado de "jaula de grillos", y Sumar, el espacio impulsado por Yolanda Díaz, tiene su propio proyecto de articulación de la izquierda alternativa. Resulta difícil imaginar que aceptaran un liderazgo externo.

La izquierda española está fragmentada,  no solo por egos, sino por estrategias distintas sobre cómo enfrentarse a la derecha y cómo relacionarse con el PSOE.

Unir a toda la izquierda es un esfuerzo plausible, como también podría serlo  en el bloque de la derecha, pero de difícil encaje porque existen muchas sensibilidades y proyectos estratégicos, especialmente en el plano territorial.

El sistema electoral español, con circunscripciones provinciales, penaliza bastante la fragmentación en algunos territorios, por lo que el incentivo matemático para la unión existe.La división progresista resta escaños.

No está claro si el electorado prefiere grandes bloques unificados, como ocurre en otros países, o si opta por  opciones diferenciadas, aún a costa de fragmentar el voto y generar un Parlamento más atomizado.