Dice el impresentable de Patxi López, el mayor palmero del reino, ese que fue lehendakari del País Vasco gracias a los votos del PP, que prefirió apoyarlo antes que permitir que lo fuera Arnaldo Otegui, y que hoy ataca a las derechas de manera despiadada, que “llevar el burka forma parte de la expresión de la libertad religiosa”. Lo que no entiendo es cómo todavía hay mujeres en este país que pueden votar a un individuo así.
Mientras en media Europa se ha prohibido el uso del burka sin que ello haya supuesto vulnerar ningún derecho, Francia prohibió el velo integral en espacios públicos en 2010 y el Tribunal de Derechos Humanos avaló la prohibición francesa al considerar que perseguía fines legítimos como la convivencia y el orden público, Bélgica y Dinamarca adoptaron una medida similar en 2011 y 2018, respectivamente, en España otra lumbrera, la ministra de Trabajo Yolanda Díaz, la misma que ha dicho que el presidente de la patronal, Antonio Garamendi, gana 23 veces más el SMI, pero no ha explicado cuánto representa eso en su propio caso, ha afirmado que la propuesta de Vox, apoyada por el PP y tumbada en el Congreso de los Diputados, vulnera la Constitución española al ir contra la libertad religiosa.
Habrá que recordarle a la insigne ministra que el burka y el niqab no son símbolos religiosos como pueda ser un crucifijo para los católicos o el kipá para los judíos, sino símbolos de opresión y represión patriarcal. Si fueran un símbolo religioso, también lo llevarían los hombres.
Esta defensa que ha hecho la izquierda para que las mujeres musulmanas puedan llevar estas prendas en espacios públicos choca frontalmente con la política feminista que dicen defender. El burka o el niqab representan una concepción de la mujer subordinada al hombre y relegada al ámbito privado.
La izquierda ha llevado esta cuestión al terrenopuramente ideológico cuando lo que está en juego es el respeto y la dignidad estas mujeres.
Basta con que la propuesta haya venido de la mano de Vox para que finalmente haya sido rechazada en el Congreso, calificándola de xenófoba y racista. En este caso, y sin que sirva de precedente, estoy a favor de que se prohíba el uso de estas prendas en espacios públicos porque entiendo que representan la sumisión y la opresión. Resulta paradójico que mientras en Irán miles de mujeres arriesgan su libertad y sus vidas por desprenderse de esta imposición, en España el debate se reduzca exclusivamente a la libertad religiosa.
De igual manera que no se puede pasear por la calle con un casco o cubierto con un pasamontañas por razones de seguridad, tampoco debería permitirse que las mujeres vayan cubiertas de los pies a la cabeza.