El Gobierno quiere prohibir que los menores de 14 años asistan, incluso acompañados de sus padres, tanto a jornadas de caza como a espectáculos taurinos. El Ministerio de Juventud e Infancia, en manos de Sumar, socio minoritario del Gobierno, anunció que contempla vetar la participación de menores en actividades cinegéticas, donde dice textualmente se “ejerza la violencia contra los animales”. Esta propuesta forma parte de la ampliación de la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (Lopivi) que aún se encuentra en negociación y que confiemos no salga adelante.
En el fondo lo que persigue esta ley es cargarse la caza. Cuando se sabe perfectamente que el principal problema de la caza en estos momentos es el relevo generacional. No hay gente joven dispuesta a seguir la afición de sus padres o abuelos. El periódico El País publicaba recientemente una crónica con testimonios de jóvenes aficionados a la caza, cuyo titular lo dice todo: “Licencia para matar desde los 14”. Un titular ciertamente tendencioso.
Actualmente, el reglamento de Armas permite que desde los 14 años los adolescentes obtengan el permiso de armas, siempre que estén acompañados por un adulto, que también la posea. La edad mínima para asistir a actividades cinegéticas depende de cada CCAA. En algunas no hay limitaciones como País Vasco, Castilla y León, Canarias, Galicia o Comunidad Valenciana, mientras que en otras como Madrid y Cantabria se fija en 14 años.
He leído barbaridades como que los niños que participan en actividades cinegéticas nacen con biofilia, es decir, una conexión innata de los seres humanos hacia la naturaleza y todo lo vivo, que les lleva a no distinguir entre la violencia hacia personas y hacia animales. Este organismo dice basarse en estudios internacionales, sin que en ningún momento aporte la fuente de estos estudios. Por si fuera poco esta misma persona que dice ser portavoz de CIPI (Consejo Independiente de Protección a la Infancia), que no sé muy bien lo que es ni para lo que sirve, pero seguro que es un organismo subvencionado con dinero público, además de pedir vetar no solo la caza con armas de fuego sino también modalidades deportivas como el tiro con arco, añade que los menores pueden sufrir ansiedad, depresión, incluso en casos graves, llegar al suicidio. Estas organizaciones señalan que la exposición de menores a la violencia contra animales provoca daños psicológicos y conductuales. Vamos, que si un niño acompaña a su padre, hermano, tío o abuelo a una cacería, va a quedar con problemas psicológicos para toda la vida y además es un peligro en potencia.
Contra la prohibición que persigue el Gobierno con esta nueva ley, libertad para que los padres puedan educar a sus hijos en los valores en los que crean. La caza, practicada responsablemente, también enseña respeto por la naturaleza y los animales.
Lo que sí produce daños psicológicos sobre todo a los perros es ver cómo los llevan vestidos. Enfundados en trajes de perlas, algunos con marca de diseño, que los hacen ridículos. Tener un galgo o cualquier otro animal en un piso, sacándolo en el mejor de los casos un par de veces al día para que haga sus necesidades y estire las piernas debería ser considerado maltrato animal porque no hay nada peor para un animal que vivir condenado entre cuatro paredes. Losgalgos, y en general los perros de caza disfrutan en la naturaleza, cazando o persiguiendo liebres y si luego hay gentuza que los abandona, esos desde luego no son cazadores y sobre ellos debe caer todo el peso de la ley. No he conocido a ningún cazador y llevo algunos años saliendo al monte con mis perros, que maltrate a su animal. Todo lo contrario. Los cuidan como a un miembro más de la familia. Yo lo hago con los míos. La mentira repetida cada vez que termina la temporada por asociaciones animalistas de que 50.000 galgos son abandonados cada año en España queda desmentida categóricamente por las cifras oficiales que proporciona el Seprona que hablan de 52 casos en 2018 y de 8 en 2019.