Veintitrés años después de la guerra de Irak, el Gobierno sometido a la alianza con la izquierda más radical ha vuelto a enarbolar la bandera del “No a la guerra”. Si en la bochornosa gala de los Goya, vimos a numerosos artistas luciendo chapas con el lema Free Palestina, ahora vuelve a aparecer el viejo eslogan del pacifismo simbólico. Como si el resto de ciudadanos que no llevamos pegatinas en la solapa de la chaqueta estuviéramos a favor de la guerra.
Los socios del Gobierno, como Sumar, han llegado a pedir la salida de España de la OTAN, la reducción del gasto militar en Defensa y la ruptura de los acuerdos militares con EEUU. En otras palabras, proponen debilitar las alianzas estratégicas que durante décadas han garantizado la seguridad de nuestro país y de Europa. Es decir, dejar a España a merced de cualquier sátrapa como Putin o de cualquier vesánico con ansias imperialistas.
En el contexto geopolítico actual, marcado por la invasión rusa de Ucrania y el aumento de las tensiones internacionales, no parece precisamente el momento de debilitar nuestra política de defensa. Es una irresponsabilidad mayúscula poner en riesgo la seguridad nacional. De hecho, hoy más que nunca resulta evidente que no hay mejor política social que garantizar la seguridad y la estabilidad de un país.
Sin embargo, el gobierno va en la dirección contraria, mientras países como Ucrania aspiran a formar parte de la OTAN para no ver amenazado su territorio por potencias extranjeras como Rusia, en España, partidos como Sumar e IU, el antiguo PCE reconvertido, reclaman la salida de la OTAN. Una posición que ignora la realidad estratégica del mundo en el que vivimos.
Es un error que España haya tomado decisiones de forma unilateral, sin contar con sus aliados ni con el respaldo del Congreso de los Diputados, como impedir que aviones estadounidenses reposten en las bases de Morón y Rota. Un error que podríamos pagar muy caro.
España debe seguir siendo un socio fiable dentro de la OTAN y un aliado estratégico de EEUU. Los presidentes pasan y las coyunturas políticas cambian, pero las alianzas entre países y los intereses estratégicos permanecen.