Dos meses y medio después de las elecciones y tras dos debates de investidura fracasados, los extremeños siguen sin gobierno.

La postura de Vox resulta difícil de explicar, especialmente después de que el PP haya cedido en cuestiones como la inmigración irregular o el cambio climático, salvo que el partido de Santiago Abascal esté jugando a erosionar las instituciones, algo que ni siquiera sus propios votantes parecen comprender. Vox ya gobierna con el PP en algunas comunidades autónomas, como es el caso de Valencia, donde  el acuerdo se alcanzó con rapidez.

La estrategia de Vox parece orientada a erosionar al PP, no tanto por razones programáticas, sino porque no ve como un rival político a batir y no como un socio natural.

Vox ha obtenido  buenos resultados electorales tanto en Extremadura como en Aragón, y es muy probable que esta tendencia al alza se consolide  también en Castilla y León y Andalucía, donde Vox va a plantear un escenario parecido de bloqueo.

En algún momento, Vox tendrá que dejar de lado la estrategia de no formar parte de los gobiernos. Los votantes confían en un partido para que gobierne, y hasta ahora esta estrategia le ha dado buenos resultados, porque evita el desgaste que supone asumir responsabilidades.

Vox es un partido antisistema y populista, en la línea de Podemos, pero situado en el espacio político opuesto que ha llevado a cabo purgas internas en su propio partido, como ocurrió con Macarena Olona, Iván Espinosa de los Monteros y, más recientemente con Ortega Smith, expulsado de Vox por desavenencias con Santiago Abascal. Como en todos los partidos de extrema derecha, existe un fuerte culto al líder.

En una situación de bloqueo institucional como la actual -solo quedan dos meses, para que, si ningún candidato consigue la mayoría en la Asamblea- se convoquen nuevas elecciones-  el PSOE debería mover ficha y facilitar la investidura de María Guardiola. No hace falta votar afirmativamente, bastaría con una abstención para que Guardiola fuera investida presidenta de la Junta de Extremadura y así romper el bloqueo de Vox.

La parálisis institucional no puede continuar. Una repetición electoral sería, además un fracaso político al mostrar que las fuerzas políticas no son capaces de llegar a acuerdos. Difícilmente cambiaría de manera significativa el mapa político actual y seguiríamos  en un escenario parecido donde los consensos siguen siendo imprescindibles para gobernar.