Las guerras se saben cómo empiezan, pero nunca cómo terminan. Y la mayoría de las veces no son la solución a los problemas sino que generan más incertidumbre.  Putin invadió Ucrania pensando que sería un paseo triunfal, y se han cumplido más de cuatro años de guerra sin que se vislumbre un final. Trump ha bombardeado Irán creyendo que sería cuestión de un par de semanas,  y la escalada no ha hecho más que empezar.

 Por eso, cuando los líderes hablan de ataques “limitados” o de guerras “rápidas”, conviene recordar una verdad simple y terrible: las guerras se saben cómo empiezan, pero nunca cómo terminan.

 El conflicto se está extendiendo a toda la región. Israel ha bombardeado refinerías de petróleo, e Irán ha respondido lanzando cientos de misiles contra Tel Aviv.

La acción militar emprendida por EEUU e Israel, que primero se justificó como un intento para derrocar al régimen de los ayatolás y después para destruir su arsenal nuclear, es ilegal y contraria al derecho internacional.

Dicha acción ha generado divisiones en el seno de la UE. Mientras España se ha desmarcado desde el primer momento, también lo ha hecho Francia; sin embargo, países como Alemania o Reino Unido se han alineado con EEUU.

A Irán le interesa llevar la guerra a toda la región para sembrar el caos y convertir Oriente Medio en un nuevo polvorín. Mientras Israel ataca posiciones de Hezbolá en Líbano, Irán responde atacando bases militares americanas en Qatar, Kuwait y Emirato Árabes. Un auténtico infierno.

El riesgo de que la guerra deje de ser un enfrentamiento regional y se convierta en un conflicto de dimensiones globales crece cada día. Veremos qué hace China, Rusia y Corea del Norte, aliados de Irán. La implicación de estos países en el conflicto aumentaría dramáticamente la escalada y volvería más complejo cualquier intento de mediación internacional.

Mientras tanto, quienes pagan el precio más alto son siempre los mismos: los civiles. Ciudades destruidas, familias desplazadas, economías arruinadas y generaciones marcadas por la violencia.

En España, la izquierda hace campaña bajo el lema “No a la guerra”, aunque con ciertos matices porque mientras el presidente Pedro Sánchez enarbola la bandera del pacifismo, envía una fragata a Chipre y pese a vetar el uso de las bases al menos dos buques y una decena de aviones han salido de Rota rumbo a Irán. Además, España está entre los países que más armamento militar vende a Israel.

Por su parte, Alberto Núñez Feijóo ha tardado cinco días desde el inicio del conflicto en comparecer ante los medios de comunicación. Susana Díaz  preguntó a García Margallo en laSexta Xplica si conocía la posición de Alberto Núñez Feijóo sobre la guerra, y el ex ministro de Asuntos Exteriores con el Gobierno de Mariano Rajoy respondió que no . El líder de la oposición ha pasado de apoyar la intervención para acabar con un régimen tiránico que socaba la dignidad de las mujeres a posicionarse a favor de la desescalada y la vía diplomática.

En cuestiones de política de Estado, y la política exterior del Gobierno de España lo es, los dos principales partidos, PP y PSOE, deberían hablar con una única voz. Sin embargo,  hemos visto cómo el presidente del Gobierno actuaba de forma unilateral,de espaldas al Parlamento, en un asunto que nos incumbe a todos los ciudadanos.