Las tensiones internacionales vuelven a golpear al campo español. Las consecuencias del conflicto en Oriente Medio ya empiezan a notarse en el bolsillo de los agricultores, que ven cómo se disparan algunos de sus principales costes de producción.

En los últimos días, el gasóleo agrícola se ha encarecido un 35,4%, pasando de 0,96 euros a 1,30 euros  según datos del sector. A este incremento se suma también el fuerte aumento en el precio de los fertilizantes, que se han encarecido un 72%, elevando aún más los gastos de las explotaciones agrarias.

Los fertilizantes suponen por sí solos hasta un 15% de los costes del sector agrícola en España, según datos de la organización agraria Asaja.  Si se suman los abonos y los carburantes, ambos representan más del 21% del gasto total de los agricultores, lo que convierte estas subidas en un golpe especialmente duro para la rentabilidad de muchas explotaciones.

La situación recuerda a lo ocurrido tras el estallido de la guerra de Ucrania, que provocó un fuerte encarecimiento de las materias primas y de la energía. Más de de cuatro años después del inicio del conflicto,  el sector agrario aún no se ha recuperado completamente del aumento de costes que provocó aquella crisis.

Ahora, la nueva escalada de tensión en Irán, tras los ataques de Estados Unidos e Israel, amenaza con agravar todavía más la situación del sector primario, que ya arrastra problemas de rentabilidad desde hace años. Los agricultores denuncian que el aumento constante de los costes de producción no siempre se traslada al precio final de los productos, lo que reduce sus márgenes y pone en riesgo la viabilidad de muchas explotaciones.

Ante esta situación, diversas organizaciones agrarias no descartan nuevas movilizaciones en las próximas semanas para exigir medidas de apoyo. Entre sus principales demandas figura la puesta en marcha de bonificaciones en el precio del gasóleo agrícola, así como ayudas para compensar el encarecimiento de los fertilizantes.

Uno de los factores que más preocupa al sector es la posible interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, una de las rutas comerciales más importantes del mundo para el transporte de energía y materias primas. El cierre o bloqueo de este paso estratégico podría afectar directamente al suministro de insumos esenciales para la agricultura.

En particular, los agricultores temen problemas de abastecimiento de urea, uno de los fertilizantes nitrogenados más utilizados en cultivos como el cereal. Países de la región como Qatar, Arabia Saudí o Irán concentran cerca del 30% de la producción mundial de este producto, por lo que cualquier alteración en las exportaciones podría provocar nuevas subidas de precios en los mercados internacionales.

El encarecimiento de estos insumos llega además en un momento delicado para el campo español, marcado por la presión de los costes, la competencia internacional y la incertidumbre climática. Todo ello dibuja un escenario complicado para un sector que ya ha protagonizado numerosas protestas en los últimos años para reclamar precios justos y mejores condiciones para garantizar su supervivencia. Demandas que han caído en saco roto.