Mientras en España se contaban los votos y se confirmaba el retroceso de la izquierda alternativa, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, asistía a la gala de los premios Oscar en Los Ángeles, donde había presencia del cine español y Sirat, la película de Oliver Laxe que representaba a España se ha quedado sin estatuilla. La imagen resulta, cuanto menos, simbólica: mientras su espacio político sufría un serio revés electoral, su principal referente se encontraba al otro lado del Atlántico, en uno de los eventos más mediáticos del mundo. La polémica que se montó en la Asamblea de Madrid por el viaje de Isabel Díaz-Ayuso a Estados Unidos. En el caso de la presidenta de la Comunidad de Madrid era para atraer inversiones y reforzar la presencia económica de la región en el exterior, y no precisamente para hacer el paseíllo por la alfombra roja.

 Me pregunto qué tipo de pin llevaría la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Al actor Javier Bardem, a falta de uno,  le vimos lucir en la solapa de su chaqueta dos.

Los resultados han sido especialmente duros para Sumar y Podemos, que han visto cómo su ya limitada presencia institucional se reducía aún más. En las Cortes de Castilla y León, ambas formaciones pierden la escasa representación que mantenían, confirmando una tendencia que ya se venía observando en otras citas electorales.

En ese contexto, también llama la atención el papel de nuevas formaciones y actores políticos. El partido de Alvise Pérez (SALF) ha logrado un resultado llamativo: no solo ha restado votos al partido de Santiago Abascal, sino que además ha duplicado en votos al partido que lidera Ione Belarra, que ni siquiera ha alcanzado los 9.000 votos. Un dato que refleja hasta qué punto el espacio político a la izquierda del PSOE atraviesa un momento de debilidad.

Si algo dejan claro estas elecciones es el refuerzo del bipartidismo. Tanto el Partido Popular como el Partido Socialista Obrero Español salen fortalecidos de la cita con las urnas. El PP ha logrado mejorar los resultados de los últimos comicios y, además, frenar el avance del partido de Abascal, que atraviesa una etapa marcada por tensiones internas y disputas en su liderazgo.

Por su parte, el PSOE ha conseguido contener la pérdida de apoyo que sufrió en territorios como Extremadura o Aragón. En esta ocasión, el voto progresista parece haberse concentrado en torno a los socialistas ante la debilidad de las formaciones situadas a su izquierda y lo ha hecho, además, con un candidato como Carlos Martínez, alcalde de Soria, no impuesto desde Ferraz como ocurrió con Pilar Alegría y María Jesús Montero.

En el bloque de la derecha, el trasvase de votos desde el partido de Abascal hacia el PP ha sido evidente, como también lo ha sido el voto de Ciudadanos que perdido el único escaño que les quedada Las divisiones internas de Vox han terminado beneficiando a los populares, que han logrado presentarse como la opción más sólida dentro de ese espacio político. Fernández Mañueco ha conseguido sus dos objetivos: frenar a Vox y mejorar los resultados electorales, sumando dos escaños.

En el bloque de la izquierda, la situación es distinta, pero el resultado final es parecido: el PSOE ha absorbido buena parte del voto que antes se repartía entre varias formaciones. La fragmentación y las disputas internas han debilitado a los partidos que pretendían competir con los socialistas por el liderazgo del espacio progresista. Al mismo tiempo, el PSOE ha conseguido detener el descalabro electoral que había sufrido en comunidades como Aragón o Extremadura.