Dentro del ciclo que la 2 de RTVE está dedicando al director Billy Wilder, anoche repusieron El Apartamento, una película que me sigue emocionando y divirtiendo cada vez que la veo.

La historia es bien conocida: un empleado de una compañía de seguros presta su apartamento a sus jefes a cambio de ascender en el escalafón directivo hasta que se cruza con el amor de su vida, una magnífica Shirley MacLaine.

Sin duda, una obra maestra que mezcla el humor corrosivo típico en las películas de Wilder con una historia agridulce, con situaciones que van desde la carcajada hasta momentos profundamente emotivos.

El Apartamento está entre mis cinco películas favoritas de todos los tiempos, junto al Hombre Tranquilo o Centauros del Desierto, de John Ford.

Cine y actores en estado puro, con un magnífico Jack Lemon, que interpreta a un empleado soltero con fama de mujeriego que no duda en prestar su apartamento para las citas de sus jefes. El personaje interpretado por Jack Lemon es uno de los grandes aciertos de la película. Baxter no es un héroe ni un villano, sino un hombre corriente atrapado en un sistema que premia la falta de escrúpulos. Su sonrisa nerviosa y su disposición servil esconden una tristeza silenciosa que Lemon sabe expresar con una naturalidad desarmante. Es imposible no empatizar con él, incluso cuando sus decisiones resultan moralmente cuestionables.

Frente a él, Shirley MacLaine construye un personaje inolvidable en Fran Kubelik, ascensorista y objeto de deseo de los ejecutivos. Lejos de ser un simple interés romántico, Fran es el verdadero corazón emocional de la historia. Su fragilidad, su ironía y su dolor contenido aportan a la película una dimensión dramática que eleva el conjunto muy por encima de la comedia convencional.

Sin olvidar al gran Jack Kruschen en el papel del doctor Dreyfuss.

Uno de los mayores logros de El Apartamento es precisamente ese equilibrio casi perfecto entre géneros. Wilder combina el humor ácido —cargado de crítica hacia la hipocresía corporativa y las relaciones de poder— con momentos de una melancolía devastadora. La risa nunca es gratuita: siempre lleva implícita una reflexión, a veces amarga, sobre la condición humana.

Una película que a pesar de los años que han pasado, se rodó en 1960, sigue siendo actual. En un mundo donde las dinámicas laborales y las relaciones personales continúan marcadas por desequilibrios de poder, El Apartamento resulta sorprendentemente actual.

Lo que en manos de otro director podría haber sido una simple sátira laboral, en las de Wilder se convierte en un retrato profundamente humano sobre la soledad, la ambición y la dignidad.

No es solo una comedia brillante ni un drama romántico: es una película profundamente humana. De esas que, cada vez que se revisitan, siguen emocionando como la primera vez.

Ahora que acaba de estrenarse la película de Santiago Segura, Torrente, Presidente, que ha batido todos los records de taquilla, ver películas como El Apartamento te reconforta con el séptimo arte.