Los cubanos se están empezando a rebelar frente a un régimen totalitario que lleva más de seis décadas en el poder, lo que  convierte a la isla caribeña en la segunda dictadura más longeva del planeta, solo por detrás de Corea del Norte.

E l régimen instaurado por Fidel  Castro y continuado por su hermano Raúl  ha llevado al país a una profunda crisis económica y social. Las imágenes que llegan desde la isla muestran un panorama desolador: edificios en ruinas y una población que sobrevive con enormes dificultades,  enfrentándose a la escasez de alimentos, medicamentos y energía.

El bloqueo comercial decretado por EEUU, vigente desde la década de 1960, ha condicionado profundamente la economía de la isla, limitando su acceso a mercados internacionales, inversiones y determinados bienes esenciales, cuyos principales damnificados ha sido la población cubana.

 La ayuda de la URSS antes de su desintegración en 1991 permitió al régimen castrista mantener cierta estabilidad económica pese a sus debilidades estructurales y al aislamiento derivado del embargo de Estados Unidos. La caída de la Unión Soviética supuso un golpe devastador.

Para el gobierno cubano, el bloqueo ha sido durante años el principal argumento para justificar las carencias y dificultades del país. Sin embargo, muchos analistas consideran que, aunque el embargo ha tenido un impacto real y negativo, no explica por sí solo la magnitud de la crisis, que también responde a problemas estructurales internos, como la falta de reformas económicas, la ineficiencia productiva y la ausencia de libertades políticas.

El actual presidente, Díaz-Canel, representa la continuidad del sistema represor comunista, sin señales claras de apertura política ni avances hacia un modelo democrático que permita mayores libertades a la ciudadanía que pasan necesariamente por la convocatoria de elecciones democráticas con todas las garantías de transparencia.

Sin embargo, tampoco parece que figuras externas como Donald Trump sean la solución para una transición efectiva hacia la democracia. El cambio en Cuba, si llega, probablemente deberá surgir desde dentro de la propia sociedad cubana, mediante presión social, reformas estructurales y un diálogo político real.

La relación de España con Cuba es de absoluta fraternidad y amistad forjada a lo largo de siglos de historia compartida. Los lazos familiares entre españoles y cubanos siguen siendo significativos, fruto de migraciones en ambos sentidos a lo largo del tiempo.