En España hay formaciones políticas de extrema izquierda como Sumar, EH Bildu o Podemos, socios del Gobierno de Pedro Sánchez que, lejos de respaldar una apertura de Cuba hacia la democracia y un régimen de libertades- como el que les ha permitido a ellos llegar al poder-, deciden mandar una flotilla, como hicieron en Gaza para romper el bloqueo de EEUU. Un nuevo acto de propaganda hacia el régimen cubano que se descompone por momentos, no sin antes arrastrar a todo su pueblo. Una mera operación de marketing para atraer titulares.

El pueblo cubano está harto del régimen castrista, de sus dificultades económicas, su pobreza y la falta de libertades y se ha rebelado contra la dictadura comunista instaurada por los Castro en un país donde resulta muy complicado manifestarse en sus calles, so pena de ser ejecutado o acabar en la cárcel.

Los fascistas con los fascistas. Pablo Iglesias, Irene Montero o Ione Belarra. La izquierda pijo progre que vive en grandes casoplones , con grandes sueldos del Estado, pagado con el impuesto de todos los ciudadanos, que insulta a los empresarios por generar riqueza, crear puestos de trabajo y ganar dinero, que promueven escraches contra dirigentes políticos de otros partidos, pero que tienen la piel muy fina cuando les toca a ellos y que utilizan la universidad pública, no como un espacio para debatir y contrastar ideas sino como su cortijo particular dónde deciden quienes pueden hablar y quiénes no.  

En el fondo, lo único que les ocupa y preocupa es mantener el trasero caliente en sus escaños para no perder la nómina de fin de mes. A diferencia de otros políticos, que han trabajado fuera de la política y pueden volver a su actividad anterior cuando dejan el cargo, la política española está llena de quienes solo saben vivir del partido y dependen totalmente del poder que les otorga su puesto.

Callaron cuando se produjo el ataque terrorista de Hamás en Israel que dejó más de un millar de muertos y callan igualmente ante una dictadura criminal como la cubana o la venezolana. Condenan, eso sí, cualquier acción militar de EEUU e Israel para acabar con el régimen de los ayatolás que cuelga a los homosexuales de las grúas o ejecuta a las mujeres que se niegan llevar prendas represoras como el niqab o el burka.

España sí ha adoptado medidas contra Israel, suspendiendo la venta de armas y retirando a su embajador en Tel Aviv, mientras no ha aplicado acciones diplomáticas equivalentes en Cuba.

El régimen comunista cubano siempre ha atribuido históricamente gran parte de sus problemas al bloqueo comercial decretado por EEUU en la década de los sesenta. Sin embargo, esto no ha sido sino una excusa más para seguir manteniéndose en el poder. Cuba contó durante décadas con el apoyo económico de la URSS antes de su desaparición.

El régimen no ha mostrado señales de apertura ni en el ámbito económico ni en el político que apunten hacia una transición democrática. Por el contrario, se ha mantenido hermético y aislado del exterior.

Estos días los demócratas hemos observado con cierta esperanza las ansias de libertad del pueblo cubano, que ha salido a las calles para manifestarse, mientras el gobierno reprimía con dureza cualquier atisbo de protesta.

El presidente de EEUU, Donald Trump, sin duda no es la solución para poner fin a la dictadura castrista, ahora en manos de Díaz-Canel. Trump solo busca poner un gobierno títere para expoliar sus recursos, como quiere hacer en Venezuela.

El pueblo cubano tiene derecho a decidir libremente su futuro en unas elecciones libres y democráticas. La presión internacional es el único camino para devolver la esperanza al pueblo cubano, donde España mantiene históricamente profundos lazos históricos, culturales y humanos.