María Soledad Iparraguirre, alias Anboto, dirigente de ETA, saldrá próximamente de la cárcel de Martutene, donde cumplía condena por pertenencia a banda terrorista.
A la dirigente etarra, que ahora pasará a un régimen de semilibertad de lunes a viernes, se le imputan más de una docena de asesinatos, y sus condenas superan los 280 años de prisión.
Fue la encargada de leer el comunicado del fin de ETA junto a Josu Ternera, quien todavía permanece en Francia pese a existir una orden de busca y captura desde diciembre. El responsable del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, en el que murieron 11 personas, sigue sin responder ante la justicia española, sin que el Gobierno francés haya concedido su extradición. Viviendo en Anglet entre Bayona y Biarritz en el País Vasco francés.
Hace solo unos meses, el Gobierno vasco aplicó una medida similar al exjefe de ETA, “Txeroki”, quien actualmente desde el pasado mes de febrero solo acude a prisión a pernoctar los fines de semana.
A fecha de abril de 2025, había 133 presos de ETA, de los cuales solo 46 cumplen condena en régimen ordinario en cárceles españolas. El resto se encuentra en tercer grado o bajo la aplicación del artículo 100.2 de flexibilización, que permite un régimen de semilibertad.
El resultado de estas excarcelaciones a miembros de ETA con delitos de sangre, como es el caso de Anboto o Txeroki es fruto del pacto y de los acuerdos políticos entre Pedro Sánchez y EH-Bildu para su apoyo parlamentario durante la legislatura. El traspaso de la política penitenciaria al Gobierno vasco ha facilitado la aplicación de estas medidas y el fin de la política de dispersión que tan efectiva resultó durante los años más duros de la banda terrorista.
Pedro Sánchez, quien afirmó que nunca pactaría con los asesinos, ha situado a EH-Bildu como un socio preferente. De las negociaciones con los aberzales, de las que nunca supimos nada, era evidente que aquel apoyo, como se ha demostrado ahora, no era un cheque en blanco, sino al portador que traía concesiones sobre todo en política penitenciaria.
La respuesta de los familiares de las víctimas de ETA no se ha hecho esperar, mostrando su rechazo y profundo malestar ante estas decisiones, que consideran una falta de justicia y de respeto hacia quienes sufrieron la violencia terrorista.
Con cerca de 900 asesinatos y casi 400 crímenes todavía sin resolver, con miles de vascos que se vieron obligados a abandonar su tierra para no ser asesinados por ETA, y cuando no se ha visto en los verdugos el menor atisbo de arrepentimiento por los terribles crímenes que cometieron en nombre del pueblo vasco, resulta un auténtico insulto a las víctimas que sufrieron en su propia carne la violencia etarra, que aun hoy se celebran homenajes a presos etarras y que personajes como “Anboto” o “Txeroki” que participaron en decenas de atentados, puedan estar por la calle como si nada hubiera ocurrido.
No debe resultar nada fácil caminar por una de las calles del País Vasco y encontrarte cara a cara contra tu verdugo: el asesino que acabó con la vida de tu padre, tu hermano o tu mujer. Tampoco que un ex etarra sea el profesor de tu hijo.
A pesar del fin de la actividad terrorista, la herida sigue abierta. Que ETA haya dejado de matar no significa que se haya avanzado en la reconciliación entre los vascos.
La convivencia en una sociedad democrática exige memoria, justicia y dignidad. Memoria para no olvidar lo ocurrido; justicia para que los crímenes no queden impunes; y dignidad para colocar a las víctimas en el lugar que merecen. La paz no puede construirse sobre el olvido ni sobre la equidistancia entre víctimas y verdugos.