Mientras la extrema derecha trata de sabotear la medida aprobada por el Gobierno, alarmando con el efecto llegada y la inseguridad, equiparando inmigración con delincuencia,  el campo valenciano ha recibido como una buena noticia la regularización de inmigrantes aprobada por el Gobierno de Pedro Sánchez. En la Comunidad Valenciana serán alrededor de 100.00 migrantes los que se beneficien de esta medida. No obstante, solo uno de cada tres solicitantes logrará obtenerla porque hay que cumplir una serie de requisitos que no todos reúnen, como carecer de antecedentes penales o acreditar un tiempo mínimo de residencia en España.

Se trata de  la quinta regularización que se lleva a cabo en España, tras las realizadas por los gobiernos de Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y el actual de Pedro Sánchez. Bajo el Gobierno de Aznar, el PP apoyó este tipo de medidas.  Entonces fueron medio millón de personas en situación irregular los que se beneficiaron de la medida. No hubo entonces efecto llamada como algunos señalan en la actualidad.

La realidad es que el campo español necesita mano de obra inmigrante. Esta regularización afecta a migrantes que ya residían en España de forma irregular. Es una buena noticia que quienes vivían en la marginalidad, trabajando en  la economía sumergida, cobrando en “negro”, se incorporen al mercado laboral, cotizando a la Seguridad Social y pagando impuestos.

El campo sobrevive gracias a esta mano de obra, y lo mismo ocurre en la hostelería.  En muchos casos, estos puestos de trabajo no son cubiertos por trabajadores españoles. Se trata de empleos que, por sus condiciones o por su localización, no logran atraer suficiente mano de obra nacional. Sectores como la agricultura o la hostelería dependen en gran medida de trabajadores inmigrantes.

Vivo en una zona de la Comunidad Valenciana como es Fontanars dels Alforins donde todas las cuadrillas están formadas íntegramentepor trabajadores extranjeros. En mi caso, son cuadrillas de marroquíes quienes realizan las labores de la viña como podar, vendimiar o mondar.

La regularización de personas que ya están en el país tiene efectos positivos claros: aflora economía sumergida, aumenta la recaudación (cotizaciones, impuestos) y reduce situaciones de explotación laboral.