Pasaban de las tres de la tarde cuando paré el tractor en la punta del bancal para quitar la hierba acumulada en el cultivador. Esta primavera ha llovido bastante y la maleza  crece sin control, así que conviene eliminarla antes de que  se apodere de los árboles.

El cultivador se atascaba  constantemente, obligándome a bajar una y otra vez para desatascarlo. Además, no se habían recogido las ramas de la poda, complicando todavía  más el trabajo.

Dejé el tractor en punto muerto, o al menos eso creía.

Sin darme cuenta, al mover bruscamente el cultivador, se engranó la marcha atrás. Escuché el tractor ponerse en marcha e inmediatamente me  tiré al suelo, y rodé como pude para esquivarlo. Apenas tuve tiempo de reaccionar, pero finalmente conseguí  levantarme y subirme de nuevo a él para detenerlo.

Todo ocurrió  en cuestión de segundos.

Cuando bajé del tractor, con el hombro algo dolorido, un coche se detuvo  en la carretera para preguntarme si necesitaba algo. Me acerqué para darle las gracias. Se llama Toni, es de Caudete y trabaja para los Hermanos López. Había presenciado lo ocurrido y me confesó  que se le habían puesto los pelos de punta.

Y no me extraña. A mí aún me cuesta asimilar todo lo que ha pasado.

Durante unos segundos me quedé en silencio, mirando el tractor, intentando entender lo cerca que había estado todo de terminar mal.

He tenido mucha suerte y puedo contarlo. Por desgracia, cada año mueren  agricultores aplastados  o atropellados por sus tractores. Suelen ser vehículos muy viejos, que no llevan la barra de protección. En mi caso no es demasiado viejo, aunque sí tiene algunos años y, además, lleva cabina. Suelen ser mucho más seguros.

He leído noticias de agricultores que han sido atropellados por sus propios tractores y nunca entendía cómo algo así podía ocurrir. Ahora lo he comprobado desde mi propia experiencia.

Visto  con más calma, y analizando la situación para que no vuelva a producirse, mi error fue bajar del tractor con el motor en marcha y no poner el freno de mano. Esto habría  evitado que el tractor se moviera sin conductor.

Las imprudencias se pagan, aunque en este caso he tenido mucha suerte y todo ha quedado en un susto.