Los precios de los fertilizantes y fitosanitarios se han disparado debido a las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y al impacto de la guerra de Ucrania. Por el estrecho de Ormuz transita casi un tercio de las materias primas necesarias para la fabricación de fertilizantes, lo que ha contribuido a la volatilidad del mercado.
Las ayudas prometidas por el Gobierno aún no han llegado, mientraslos agricultores vuelven a situarse de nuevo en el punto de mira de las políticas de Bruselas.
Entre 2020 y 2025, el precio de los fertilizantes se ha encarecido alrededor de un 60%. Un aumento impulsado no solo por los conflictos internacionales, sino también por la subida del precio de la energía. El gas natural es una materia prima clave en la producción de fertilizantes nitrogenados, como la urea, el más utilizado a nivel mundial. Su precio ha llegado a superar la barrera de los 700 euros por tonelada, lo que supone incrementos interanuales que rondan el 40% en el sector agrario.
Ante esta subida exponencial de costes, muchos agricultores se ven obligados a reducir o incluso prescindir del uso de estos insumos, con el consiguiente impacto en la productividad.
Estos días he ido a la tienda de la cooperativa a comprar productos para el tratamiento de la viña y los almendros, y por los mismos productos que utilicé el año pasado he pagado más del doble, lo que refleja la fuerte subida de costes que soporta el sector.
La situación resulta inviable cuando, además, los precios que reciben los agricultores por sus productos no llegan a cubrir en muchos casos los costes de producción. Esto provoca que cada vez haya más campos sin cultivar-la Comunidad Valenciana lidera este ranking con más de 180.000 hectáreas abandonadas- y que el abandono de tierras pueda convertirse en una realidad en pocos años. Si a ello se suma la falta de relevo generacional, el futuro del sector agrario se enfrenta a un escenario especialmente preocupante.