El portavoz de ERC, Gabriel Rufián y la exvicepresidenta valenciana  Mónica Oltra se reunirán en los próximos días en  Valencia para defender un proyecto de la unidad de la izquierda que quiere impulsar el portavoz de ERC. ¿Rufián liderando un proyecto político a nivel nacional?

La propuesta pretende aglutinar el voto de la izquierda en torno a una candidatura única después del revés electoral que han sufrido las formaciones de izquierda. El objetivo es evitar la fragmentación del voto, frenar un hipotético gobierno de PP y Vox y mejorar la representación electoral de un espacio político que, dividido, ha visto reducida su influencia institucional.

Sin embargo, la unidad de la izquierda ha demostrado ser una tarea especialmente compleja. Históricamente, las diferencias ideológicas, estratégicas y de liderazgo entre partidos de izquierda han dificultado la creación de un proyecto común estable. Aunque las distintas fuerzas comparten buena parte de su agenda social y económica, las discrepancias sobre cuestiones territoriales, organizativas y de estrategia política han terminado por imponerse en numerosas ocasiones.

A corto plazo, una candidatura única de toda la izquierda alternativa parece difícil de materializar. Las experiencias de coalición en la última década han demostrado que la cooperación electoral es posible, pero también que la integración completa de partidos con identidades tan distintas suele encontrar resistencias importantes. Va a ser difícil explicarles a los votantes de extrema izquierda que no son independentistas, que voten una candidatura donde están formaciones como ERC, EH Bildu o BNG.

Los principales obstáculos obedecen, en primer lugar, a las diferencias territoriales. ERC mantiene una marcada orientación independentista catalana, como la tiene EH Bildu o BNG, en sus respectivos territorios. Conciliar intereses territoriales tan distintos resulta una tarea complicada y, en ocasiones, incompatible.

A ello se suma la cuestión de los liderazgos. Las coaliciones suelen generar disputas sobre quién encabeza las candidaturas, cómo se distribuyen las responsabilidades y quién marca la dirección política del proyecto. La experiencia reciente entre Sumar y Podemos evidenció las dificultades de convivencia entre organizaciones que compiten por un mismo espacio electoral. Consensuar un candidato no es cuestión baladí.

Existe además un problema de identidad política. Muchas formaciones temen perder visibilidad, capacidad de influencia y apoyo electoral si quedan diluidas dentro de una plataforma más amplia. Para partidos con una fuerte implantación territorial o una identidad ideológica definida, la integración puede percibirse como una amenaza más que como una oportunidad.

Por último, conviene recordar que unir siglas no garantiza automáticamente sumar votos. En ocasiones, las coaliciones movilizan a parte del electorado, pero también pueden generar desafección entre votantes que prefieren opciones claramente diferenciadas.