La viña presenta un aspecto sano y vigoroso. El intenso verde de sus hojas dibuja un paisaje lleno de vida y refleja el buen estado vegetativo de las cepas. La lluvia de esta primavera ha sido fundamental para el buen desarrollo del viñedo.
Plantación de viñedo en Fontanars dels Alforins (Foto: PS)
Salvo que se produzcan inclemencias meteorológicas en los próximos meses, las previsiones para esta campaña apuntan a una buena cosecha, tanto en cantidad como en calidad. Veremos cómo se desarrolla todo para que la uva entre en la bodega en las mejores condiciones de sanidad y grado.
Quedan por delante tres meses, algo menos para las variedades blancas, en los que el agricultor se juega el trabajo de todo el año. Será un periodo decisivo en el que el cuidado del viñedo y la evolución meteorológica marcarán el resultado final de la campaña.
Los productos fitosanitarios han experimentado un incremento de precio como consecuencia de las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo.Es de esperar que la firma del acuerdo de paz prevista para los próximos días entre EEUU e Irán, y la consiguiente estabilización de los mercados, los costes puedan moderarse y recuperar parte de la normalidad perdida en los últimos meses.
La actual escalada de los costes de producción está poniendo en serias dificultades la viabilidad económica de numerosas explotaciones agrícolas. El encarecimiento de insumos, energía y mano de obra reduce los márgenes de rentabilidad y amenaza la continuidad de muchas explotaciones familiares, con el consiguiente riesgo de abandono de cultivos y pérdida de actividad en el medio rural.
Los agricultores seguimos pendientes de cobrar las ayudas que el Gobierno prometió por el alza de los precios de los fertilizantes y el encarecimiento del gasóleo agrícola. Bruselas se comprometió a destinar 540 millones de euros para paliar la escalada de los fertilizantes.
El sector vitivinícola se enfrenta, además, a una profunda crisis estructural derivada de factores como el descenso del consumo, la creciente competencia internacional y el cambio en los hábitos de los consumidores. Esta situación exige adoptar medidas valientes y consensuadas que garanticen la rentabilidad de las explotaciones, favorezcan el relevo generacional y aseguren el futuro de un cultivo esencial para la economía y el paisaje de nuestras zonas rurales. De no tomarse medidas, el futuro que nos espera es desalentador.
Lo primero sería empezar por garantizar precios justos para los productores, de modo que la actividad agraria resulte rentable y pueda asegurarse la continuidad de las explotaciones. Lo segundo sería empezar por adaptar la producción a la demanda real del mercado, evitando desequilibrios que lastren la rentabilidad del viñedo. Francia ya ha comenzado a actuar en esta línea, impulsando medidas de arranque de viñedo para equilibrar la oferta. En España deberían estudiarse fórmulas similares que permitan dimensionar la superficie productiva a la demanda real, garantizando así la viabilidad económica del viñedo y la sostenibilidad del sector a medio y largo plazo.