Este viernes se han reunido en Valencia el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, y la exvicepresidenta del Consell, Mónica Oltra, con el objetivo de abordar la necesidad de construir espacios de unidad dentro de la izquierda. Una idea puede resultar atractiva sobre el papel aunque compleja de materializar si se tienen en cuenta las distintas sensibilidades que conviven dentro de ese espacio político.

ERC y Compromís mantienen importantes afinidades ideológicas y comparten posiciones en numerosas cuestiones políticas y sociales. En un contexto en el que la fragmentación electoral ha penalizado a distintas formaciones de izquierda, no resulta difícil imaginar fórmulas de colaboración más estrechas de cara a futuras citas electorales.

Lo llamativo del encuentro es la imagen política que proyecta. Gabriel Rufián llegó a la política nacional asegurando que su presencia sería temporal y, sin embargo, una década después continúa siendo una de las figuras más reconocibles de ERC en el Congreso. Igualmente resulta llamativo que el portavoz de un partido independentista que defiende la ruptura del Estado participe ahora en iniciativas destinadas a articular espacios políticos más amplios en el ámbito nacional.

En el caso de Mónica Oltra, el debate se centra inevitablemente en su situación judicial y en las consecuencias políticas que puede tener su regreso a la primera línea política. Su nombre sigue vinculado a la investigación relacionada con el presunto encubrimiento de los abusos sexuales cometidos por su expareja cuando ella ocupaba la Consejería de Igualdad, un asunto que provocó en su día su dimisión como vicepresidenta del Consell.

Oltra asumió responsabilidades políticas y abandonó el cargo. Sin embargo, su posible regreso abre un debate sobre la coherencia política y sobre el nivel de exigencia que los dirigentes deben aplicarse a sí mismos. Durante años defendió con firmeza la necesidad de asumir responsabilidades políticas ante determinadas investigaciones judiciales y criticó con dureza a otros dirigentes inmersos en procedimientos similares. Muchos recuerdan todavía sus intervenciones en Les Corts y sus críticas a Francisco Camps, quien posteriormente terminó siendo absuelto de las causas judiciales que tenía pendientes.

Nadie cuestiona el principio de presunción de inocencia, ni tampoco el derecho de cualquier persona a participar en la vida política mientras no exista una condena firme. Sin embargo, la cuestión que surge es otra: si los estándares de responsabilidad política que se exigen a unos deben aplicarse también a quienes los defendieron con contundencia.

Oltra puede resultar absuelta o condenada. Si finalmente fuera absuelta, podría reforzar su figura política y argumentar que asumió responsabilidades antes incluso de que existiera una sentencia. Pero si el desenlace fuera distinto, las consecuencias políticas podrían ser muy diferentes.

La justicia avanza con lentitud y los tiempos judiciales rara vez coinciden con los tiempos políticos. Con elecciones autonómicas y municipales en el horizonte, la incógnita permanece abierta.