¿Qué más tiene que pasar en este país para que Pedro Sánchez dimita y convoque elecciones? Los ciudadanos nos merecemos un gobierno honesto e impecable en la lucha contra la corrupción.  

La llegada de un nuevo gobierno no va a evitar que existan corruptos, porque los hay en todos los partidos y de todos los colores, pero sí podría ayudar a revertir la imagen de país de charanga y pandereta que estamos ofreciendo al resto del mundo. Somos el hazmerreir de Europa.

Escuchar a Gabriel Rufián ejerciendo de cura o a Patxi López cantar aquello de “yo con Begoña” no  solo resulta  patético sino que demuestra el grado de degradación al que ha llegado la democracia española. La cara de Sánchez era todo un poema. Ni el propio presidente parecía entender lo que estaba escuchando.

La sesión de ayer en el Congreso de los Diputados fue un nuevo espectáculo bochornoso del peor gobierno de la democracia, donde sus socios siguen apoyando a un presidente, absolutamente acorralado por la corrupción. Salvo el PP, Vox, Podemos y Junts, el resto de formaciones es cómplice de la situación actual.

Después de conocer la sentencia a 24 años de cárcel  dictada por el Tribunal Supremo por unanimidad de todos sus miembros contra José Luis Ábalos, la persona con más poder en el Gobierno y en el partido después de Pedro Sánchez, y  la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero por el presunto cobro de comisiones en el rescate de la compañía aérea Plus Ultra, el primer presidente de la democracia española que se sienta en un banquillo, por no mencionar a Leire Díez, Koldo García, Santos Cerdán, Begoña Gómez o David Sánchez, la obligación de un presidente del Gobierno debería ser disolver las Cortes y convocar elecciones anticipadas.

Sánchez ha perdido la mayoría parlamentaria en el Congreso de los Diputados y, si se somete a una cuestión de confianza, como le ha pedio Junts, Vox y PP por mayoría absoluta de la Cámara, aunque no sea vinculante, veremos los apoyos parlamentarios con los que cuenta.

Conviene recordar que, en la anterior legislatura, Sánchez llegó a la presidencia del Gobierno tras ganar una moción de censura contra el Gobierno de Mariano Rajoy después de conocerse la sentencia de la Gürtel, que fue defendida por José Luis Ábalos, quien ocho años después, ha sido condenado a 24 años de cárcel.

Sánchez no ganó las últimas elecciones generales, ni ha ganado ninguna como candidato a la Presidencia del Gobierno, y su partido ha perdido casi todo el poder territorial que mantenía en comunidades históricas como Andalucía o Extremadura,  pero consiguió articular una mayoría parlamentaria, configurando un gobierno Frankenstein con la suma de la extrema izquierda y de los partidos independentistas como  ERC, EH Bildu y BNG, pese a su compromiso antes de las elecciones de no pactar con quienes querían acabar con la unidad de España.

Cambios de opinión que se han producido a lo largo de esta legislatura y de la pasada, en decisiones como los indultos o la ley de Amnistía. Lo que antes era una ley inconstitucional para la parte socialista del Gobierno dejó de serlo por siete votos. Los que necesitaba de Junts para la investidura.

Si tuviera la oportunidad de hacerlo, le preguntaría a Pedro Sánchez si de verdad cree que merece la pena seguir al frente de un país que cada día se levanta con un nuevo escándalo de corrupción y donde las instituciones del Estado está sometidas a una creciente presión y pérdida de confianza. ¿De verdad, merece poner en riesgo todo el esfuerzo que supuso traer la democracia a este país?

Sánchez, que tenía una magnífica imagen internacional y que podría haber acabado sus días políticos ocupando un cago de responsabilidad en Bruselas, de la mano de su buena amiga Ursula von der Leyen, quién sabe si quizá presidiendo la Comisión Europea, ha perdido su prestigio internacional y, con él, el de España.