El PSOE, que ha criticado con dureza el pacto entre el PP y Vox en Andalucía para facilitar la investidura de Juanma Moreno Bonilla como presidente de la Junta de Andalucía, ha sido incapaz de abstenerse, como le pidió el propio Moreno Bonilla para no depender de la formación liderada por Santiago Abascal.

El PP ganó las elecciones andaluzas, superando el 40% de los votos y quedándose a dos escaños de la mayoría absoluta. Sin embargo, ese contundente resultado no fue suficiente para gobernar en solitario, debido a la configuración parlamentaria resultante de las urnas.

 Ante esta situación, Moreno Bonilla solo tenía dos opciones: acudir  a una nueva convocatoria electoral, con el riesgo de generar una etapa de incertidumbre política y sin la garantía de alcanzar una mayoría más clara, o alcanzar un acuerdo de investidura con Vox para garantizar la gobernabilidad.

La pregunta que muchos nos hacemos es: ¿Con qué legitimidad ética y moral puede el PSOE criticar los pactos del PP con Vox, cuando Pedro Sánchez es presidente del Gobierno gracias al apoyo parlamentario de partidos como ERC, EH Bildu y BNG, después de haber afirmado que no pactaría con ellos? Pedro Sánchez ha traspasado todas las líneas rojas.

Juanma Moreno Bonilla, que representa el ala más moderada del partido, defendió desde el primer momento su preferencia por un gobierno sin la participación o dependencia directa de Vox. Sin embargo, la aritmética parlamentaria terminó imponiendo sus propias reglas. En un sistema parlamentario, los gobiernos no se forman únicamente con la fuerza de las urnas, sino también mediante la capacidad de alcanzar acuerdos suficientes para obtener una mayoría.

De haber sumado una mayoría suficiente, la izquierda también habría alcanzado acuerdos para impedir gobernar a la derecha. PSOE, Adelante Andalucía y Por Andalucía tenían claro desde el primer momento su objetivo de conformar una alternativa de gobierno basada en una coalición entre fuerzas progresistas. En política parlamentaria, las alianzas y los pactos forman parte de la dinámica habitual para obtener las mayorías necesarias que permitan gobernar.

Sin embargo, cuando se trata del PP, cuyo único aliado natural es Vox, y en este caso ha ganado las elecciones con un margen muy amplio, las críticas y los reproches parecen multiplicarse. Resulta llamativo que quienes consideran legítimos determinados acuerdos cuando benefician a sus propios intereses políticos cuestionen la necesidad de pactos cuando afectan a sus adversarios.