Las disculpas ofrecidas por el presidente de RTVE, José Pablo López, son insuficientes. La periodista Marta García Montero abandonó el programa presentado por Jesús Cintora tras denunciar continuas humillaciones por parte del presentador. Ninguno de los colaboradores habituales se levantó en señal de solidaridad con la compañera. Tampoco he escuchado a los colectivos feministas condenar lo sucedido con la misma contundencia que emplean en otros casos.Si eres vocero del Gobierno y humillas a una mujer, no es machismo.
Que esto ocurra, además, en un medio público, financiado con los impuestos de todos los ciudadanos, pone en entredicho el papel que deben desempeñar los medios de comunicación como contrapoder en una democracia. RTVE debería ser un referente de independencia, pluralidad y respeto a sus profesionales, no un instrumento al servicio de quienes gobiernan.
Las voces críticas con la gestión del Ejecutivo son cada vez menos visibles en la radiotelevisión pública. En su lugar, proliferan comentaristas cuya principal función parece consistir en desacreditar a la oposición y respaldar la acción del Gobierno.
En los años de democracia que llevamos y habiendo vivido los últimos años de la dictadura, nunca había percibido un riesgo mayor para la libertad de prensa que el actual, con periodistas al servicio del poder, que difunden bulos, como el propio Jesús Cintora hizo cuando acusó a un miembro de la UCO de planear un atentado con bomba lapa contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Cuando el periodismo deja de fiscalizar al poder para convertirse en su altavoz, deja de cumplir una de sus funciones esenciales
Pese a la polémica y a las críticas suscitadas, Jesús Cintora y Javier Ruiz, propagadores del bulo, continúan al frente de sus respectivos programas, sin que hayan sido cesados.
Existe un séquito de periodistas y medios de comunicación al servicio del sanchismo, que miran hacia otro lado, en lugar de denunciar los casos de corrupción que afectan al Gobierno.
A cambio de esa lealtad al poder, el Gobierno les premia con programas en horario de máxima audiencia y con generosas retribuciones económicas pagadas con el dinero de todos los contribuyentes.
El control de los medios de comunicación públicos por parte del Gobierno de turno siempre ha existido en los diferentes gobiernos de la democracia, sería ingenuo no reconocerlo, pero lo que nunca se había visto antes es un grado de alineamiento político y de polarización como el actual, con unos medios públicos cuya independencia es cuestionada por una parte significativa de la sociedad.