A la izquierda solo le preocupan los muertos que hubo en las residencias de ancianos de Madrid bajo el Gobierno de Isabel Díaz- Ayuso, pero no dicen nada de los más de 30.000 ancianos que murieron en el resto de España a causa del Covid. En la Comunidad Valenciana, la cifra oficial de personas mayores fallecidas en residencias durante los primeros años de la pandemia superó los 1.760 decesos. ¿Era entonces Ximo Puig, presidente de la Generalitat Valenciana, responsable de todas esas muertes?

La extrema izquierda quiere sentar a Isabel Díaz Ayuso en los tribunales de justicia para que responda por estas muertes. ¿Es entonces  Pedro Sánchez responsable de los más de 120.000 fallecidos por el Covid en España?

En mi opinión, es evidente que existe un interés político desde la izquierda por cargarse, metafóricamente hablando, a Isabel Díaz Ayuso. Un camino que, inició el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez cargando cada vez que tiene ocasión contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, incluso utilizando la tribuna del Parlamento para ello.

Conviene recordar, asimismo, que durante el estado de alarma Pablo Iglesias ocupaba la Vicepresidencia Segunda del Gobierno y asumió competencias relacionadas con los servicios sociales y las residencias de mayores. Por ello, resulta legítimo preguntarse por qué el debate político ha puesto el foco exclusivamente en la responsabilidad de la presidenta madrileña.

Hoy hemos visto de nuevo al coportavoz de Podemos, Pablo Fernández, esgrimir un cartel con la cifra de 7.291 en un programa de televisión y pedir prisión para Isabel Díaz Ayuso. El director del programa, Nacho Abad, le pidió que corrigiera la cifra a 7.289 porque, según explicó, el camarero  del bar que frecuenta,  que perdió a dos familiares durante la pandemia, le dijo que esa cifra no le representaba.

Pablo Fernández, el kiosquero metido a político,  que no asumió ninguna responsabilidad tras los malos resultados obtenidos por su formación en las elecciones de Castilla y León, en las que perdió toda su representación institucional,  debería , en lugar de acudir a los programas de televisión con carteles,  asumir sus propias responsabilidades políticas y presentar su dimisión.

Me pregunto qué habría pasado en este país si la pandemia hubiera ocurrido bajo un Gobierno del PP. Hemos visto lo sucedido en Valencia con la dana y, al margen, de la pésima gestión de Carlos Mazón durante los días más críticos, cabe preguntarse cuál habría sido la reacción política y mediática si una crisis de esa magnitud hubiera coincidido con un Gobierno de distinto signo.

Si comparamos la tragedia de la dana, el accidente del metro de Valencia, la pandemia o el accidente de Adamuz, observamos claramente que la reacción ciudadana y la de los responsables políticos ha sido muy distinta en cada caso, y, en muchas ocasiones, ha dependido del color político de quienes gobernaban.

 La dana fue una catástrofe natural de enorme magnitud que no se podía prever. La pandemia, por su parte, fue una crisis sanitaria sin precedentes en la historia reciente. Basta con recordar aquellos días, aquellas semanas y aquellos meses en los que cientos de personas morían cada día. Los hospitales estaban desbordados; faltaban camas, equipos de protección individual y respiradores. La gente fallecía en sus casas, en los hospitales y en las residencias de mayores.

Yo perdí a un familiar y a un íntimo amigo y no culpo de sus muertes a ningún representante político. Lo que exijo, como ciudadano, no es la utilización política del dolor, sino saber qué se ha aprendido de aquella tragedia y qué medidas se han adoptado para que, si una crisis similar vuelve a producirse, estemos mejor preparados y podamos salvar el mayor número de vidas posible.