Un agricultor de Fontanars dels Alforins denunció importantes daños ocasionados por fauna salvaje en una parcela de aproximadamente cuatro hectáreas de almendros. Los animales destruyeron numerosos injertos recientes de la variedad Vairo sobre patrón Lauranne, realizados durante el invierno, lo que supuso unas pérdidas económicas estimadas en 6.000 euros

Aspecto de la parcela afectada (Foto. PS)

El agricultor explicó que, como hace habitualmente, realizó un recorrido semanal por sus parcelas de almendros y viñedo para comprobar el estado de los cultivos. Durante la inspección observó que los injertos, que pocos días antes habían sido limpiados para favorecer su desarrollo y evitar que el viento quebrara los brotes, habían sido devorados.

En un primer momento sospechó que los daños podían haber sido ocasionados por ganado doméstico, ya que existe un rebaño de ovejas en las inmediaciones. Sin embargo, tras hablar con el pastor y con el propietario del ganado, se descartó esta posibilidad.

Posteriormente, los agentes medioambientales inspeccionaron la parcela, tomaron fotografías y recogieron muestras de excrementos para identificar la especie responsable. Según las primeras valoraciones, los daños podrían haber sido causados por cabra montés (Capra pyrenaica) o, con mayor probabilidad, por cabras domésticas asilvestradas, debido a que años atrás existía un rebaño de cabras en la zona del altiplano y algunos ejemplares quedaron en libertad.

Ante esta situación, el agricultor presentó la correspondiente denuncia y solicitó a la sociedad de cazadores de la zona la autorización de controles poblacionales mediante esperas u otras medidas de gestión.

Este caso pone de manifiesto una problemática creciente en la Comunidad Valenciana. Según las organizaciones agrarias, los daños ocasionados por la fauna silvestre superan los 55 millones de euros anuales, afectando especialmente a cultivos leñosos como almendros, viñedos, olivos y frutales. Por este motivo, dichas organizaciones reclaman a la Generalitat Valenciana la elaboración de un Plan Integral de Gestión de la Fauna, que permita controlar la sobrepoblación de determinadas especies, reducir los daños agrícolas y compatibilizar la conservación de la biodiversidad con el mantenimiento de la actividad agraria.