La entrevista de Javier Ruiz a José Luis Rodríguez Zapatero en RTVE, un medio público, financiado con los impuestos de todos los ciudadanos, no solo fue, a mi juicio, una tomadura de pelo sino también un insulto a la inteligencia. Si realmente quería dar explicaciones, debería haber convocado una rueda de prensa abierta con la presencia de todos los medios de comunicación y la posibilidad de responder a cualquier pregunta, en lugar de conceder una entrevista en un formato que, a juicio de muchos, no permitió un verdadero ejercicio de contraste periodístico.

La entrevista debería estudiarse en las facultades de Periodismo como el ejemplo más plausible de servilismo al poder. El papel del periodista no consiste en facilitar el discurso del entrevistado, sino en formular las preguntas incómodas que esperan los ciudadanos.

Zapatero, presentado durante años por parte de la izquierda como referente moral, el mismo que defendía que ser de izquierdas es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho, no solo no aclaró el presunto cobro de comisiones en el rescate de Plus Ultra sino que tuvo la sinvergonzonería de afirmar que las joyas que fueron encontradas en la caja fuerte de su despacho y valoradas en más de 1,3 millones de euros no había un afán patrimonial y que eran un regalo personal. Es decir, si una persona incrementa su patrimonio, no tiene obligación de declararlo al fisco. Inténtelo usted y verá que pronto recibe una carta de Hacienda con la ventanilla negra, que no suelen ser portadoras de buenas noticias.

A José Luis Rodríguez Zapatero, vaya por dios, se le olvidó la obligación de declararlas a Hacienda. El ex presidente desconocía el valor de esas joyas y pretende que nos lo creamos.

A ZP, como se dice coloquialmente, le han pillado con el carrito de los helados. Ni eran de su familia ni tenían un valor de 30.000 euros, como se dijo inicialmente.

Este episodio debería abrir un debate sereno sobre el papel de los expresidentes una vez abandonan el cargo. La influencia institucional y los contactos internacionales que conservan hacen imprescindible reforzar los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas para evitar cualquier sospecha de conflicto de intereses.

Zapatero es el ejemplo de político nefasto que no solo hizo una pésima gestión durante su mandato como presidente del Gobierno, negando la crisis económica que nos llevó al rescate financiero, y abriendo las viejas heridas de la Guerra Civil mediante una ley de Memoria Democrática, pactada con los herederos del terrorismo etarra, que solo ha contribuido a enterrar el espíritu de la Transición y a enfrentar de nuevo a los españoles en dos bandos sino que, además, quien se las daba de persona íntegra eimpoluta tendrá que declarar ahora en los juzgados por presuntos delitos de contrabando y blanqueo de capitales.

Sea cual sea el recorrido judicial o administrativo de estos hechos, resulta evidente que los ciudadanos tienen derecho a exigir explicaciones claras y a esperar el máximo nivel de ejemplaridad de quienes han ocupado la Presidencia del Gobierno.