Mientras media España arde, los políticos continúan a la gresca. Las declaraciones del ministro Óscar Puente son, a mi juicio, absolutamente reprobables. El Estado está para ayudar a todas las comunidades autónomas, y más aún en una emergencia nacional como la que estamos viviendo con los incendios y la vivimos también con la dana, donde la descoordinación entre las distintas administraciones fue absoluta y caótica. Da la sensación de que no hayamos aprendido nada de aquella catástrofe.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz- Ayuso, ha solicitado la intervención de la UME y ayuda internacional para hacer frente a la gravedad de la situación. La respuesta del ministro Óscar Puente a esa petición, absolutamente justificada, ha sido la de echar más leña al fuego.
Puente, que no ha asumido ninguna responsabilidad política tras el accidente de Adamuz, donde murieron 46 personas y en cuya investigación se han señalado deficiencias en el mantenimiento de la vía, utiliza las redes sociales para insultar al adversario político. Pasa más tiempo delante del teclado del ordenador que gestionando el ministerio. Los familiares de las víctimas siguen reclamando justicia y reparación.
¿Cómo es posible que el Delgado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Francisco Martín Aguirre, dijera cuando ya había 10.000 evacuados por los incendios, y ahora son muchos más, que esa solicitud tenía que explicarse y justificarse?. ¿Pero nos hemos vuelto todos locos o qué? ¿Qué mayor justificación podía haber para declarar la emergencia nacional que tener ya más de 10.000 personas evacuadas y unos incendios que ponían en grave riesgo a la población y al territorio?
La dana fue una catástrofe natural, como también lo son los incendios que hoy asolan buena parte de España. Los valencianos vimos cómo el tacticismo político y el cruce de reproches entre administraciones se impusieron a la necesaria coordinación institucional. Aquella tragedia debería haber servido de lección para que, ante una emergencia de esta magnitud, todas las administraciones remaran en la misma dirección. Sin embargo, da la sensación de que seguimos tropezando con la misma piedra.
Ni siquiera en momentos de auténtico pánico, cuando miles de familias han tenido que ser desalojadas de sus viviendas y esperan con incertidumbre poder regresar a unos hogares que, en muchos casos, han sido devorados por las llamas, la clase política es capaz de darse una tregua. Ni siquiera ahora.
Lo digo tanto por el PP como por el PSOE. En situaciones como esta, los ciudadanos esperan responsabilidad, coordinación y altura de miras, no reproches cruzados ni enfrentamientos partidistas.
La cifra de hectáreas quemadas en lo que llevamos de año cuadriplica la del mismo periodo del año pasado y ya son cerca de 126.000 hectáreas. Aunque, por el momento no hay que lamentar ninguna víctima mortal, los daños materiales y medioambientales son devastadores. Miles de personas han tenido que ser desalojadas de sus hogares, muchas han visto cómo las llamas amenazaban o destruían sus viviendas y el impacto sobre nuestros montes y espacios naturales tardará décadas en recuperarse.
Sinceramente, creo que es hora ya de pensar más en los ciudadanos y no tanto en las siglas.