El PP se equivoca al retirar el nombre de Isabel Clara Simó, ilustre escritora alcoyana, del IES de l’Alcudia de Crespins. Pero también se equivoca la izquierda cuando supedita el reconocimiento de un creador a su afinidad ideológica. En la cultura debería primar la calidad de la obra, no las ideas políticas de su autor.
No es un caso aislado. La Comunidad de Madrid rechazó rebautizar la estación de Atocha con el nombre de Almudena Grandes, en un claro ejemplo de veto ideológico.
Xavi Castillo, humorista y actor alcoyano, paisano mío, que te podrá gustar más o menos también denunció ser víctima de censura tras la exclusión de su compañía Pot de Plom, del Circuit Cultural Valenciá. Pero el problema no pertenece a un solo color político. Cuando gobierna la izquierda también se producen situaciones similares. Pongo ahora como ejemplo otro cómico, Moncho Borrajo. Si no estás dentro de la cuerda ideológica, no te contratan. Es lo que le pasó a Moncho Borrajo durante los años del Botànic.
Se excluye a actores y escritores por razones ideológicas cuando lo realmente importante no es el partido en el que militan ni las ideas que defienden, sino la calidad de la obra que han dejado impresa y su capacidad para emocionar, hacer reflexionar o entretener al público.
El mundo de la cultura debe regirse por criterios estrictamente literarios y artísticos, no ideológicos. Fernando Fernán Gómez o José Sacristán, son tan merecedores de un reconocimiento como José Sazatornill,”Saza” o Alfredo Landa. Del mismo modo, Federico García Lorca y Rafael Alberti ocupan un lugar indiscutible en nuestra literatura, igual que debería ocuparlo José María Pemán.
Excluir a escritores, actores o humoristas por sus ideas supone empobrecer el patrimonio cultural de todos. El reconocimiento institucional no debería depender de la ideología del artista, sino de su aportación a la cultura. De lo contrario, cada cambio de gobierno traerá consigo una nueva lista de nombres a borrar y otros a ensalzar, convirtiendo la memoria cultural en un instrumento de revancha política. Y es lo que por desgracia está ocurriendo.
La cultura pertenece a todos y no debería medirse con el rasero de la ideología, sino con el de la excelencia.