En Andalucía, la superficie dedicada al cultivo del almendro se ha reducido de forma significativa. En los dos últimos años se han perdido cerca de 2.500 hectáreas. Los agricultores están arrancando sus parcelas debido a la falta de rentabilidad y a la creciente incidencia del gusano cabezudo.
La presencia del gusano cabezudo también se ha detectado en numerosas explotaciones de la Comunidad Valenciana, afectando tanto al cultivo del almendro como a otros frutales de hueso, entre ellos el melocotonero, el ciruelo y el albaricoquero, lo que evidencia que esta plaga se está extendiendo y supone una grave amenaza para estos cultivos.
En mi caso particular, que tengo cerca de 50 hectáreas de almendros de las variedades vairo y Lauranne, por el momento no he detectado ninguna incidencia en mis explotaciones, aunque sí tengo constancia de la presencia del gusano cabezudo en la zona, lo que genera una creciente preocupación entre los productores ante el riesgo de que la plaga continúe expandiéndose.
La normativa europea prohíbe el uso de materias activas que habían demostrado ser eficaces para combatir esta plaga destructiva. Hasta hace pocos años había sido considerada una plaga secundaria, sin embargo, se ha convertido en la principal amenaza para el cultivo del almendro, hasta tal punto de provocar la muerte de árboles y obligar al arranque de las plantaciones, como ocurre con la xylella fastidiosa.
Diferentes factores, como la sequía de los últimos años, la prohibición de utilizar materias activas que eran eficaces para controlar la población de adultos y el abandono de muchas plantaciones han favorecido un incremento considerable de la población de este insecto, agravando aún más la situación.
Es evidente que muchas de las decisiones que se adoptan en las instituciones europeas no responden a la realidad que vive el campo. Se aprueban normas que penalizan a los agricultores sin valorar suficientemente las consecuencias que estas políticas, diseñadas desde los despachos de Bruselas, pueden tener sobre la viabilidad de las explotaciones y el futuro del sector.
Mientras la normativa europea impone exigencias cada vez más estrictas en materia fitosanitaria, sin ofrecer alternativas eficaces para el control de determinadas plagas, se permite la importación de productos procedentes de terceros países, sin los mismos requisitos fitosanitarios y de producción que se exigen a los agricultores europeos. Esta situación genera un evidente desequilibrio competitivo de práctica desleal y aumenta la sensación de indefensión entre los productores.
Estas políticas están llevando a la ruina al campo, poniendo en peligro la continuidad de miles de explotaciones agrarias y el futuro de un sector tan esencial para la economía, el empleo y el abastecimiento alimentario como es el sector primario.